Obsesión por el fin

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Londres, 31 de julio del 2012, el quinto día de los juegos olímpicos de verano impacta al mundo con una escalofriante escena: 12 atletas de la delegación iraní han sido asesinados y colgados de los pies en sus habitaciones en la Villa olímpica de Stratford city.  Pese a toda la seguridad desplegada por parte de la policia londinense, la historia de Munich en 1972 se repite 40 años después,  pero con más cureldad que en esa época.   El presidente de Irán Mahmud Ahmadinejad  pide a Inglaterra que se realice una investigación profunda sobre lo ocurrido, además que se suspendan los juegos en señal de duelo por los atletas fallecidos.  El país anfitrión trabaja en descubrir al responsable o responsables  del atentado, pero se opone a suspender los juegos,  los deportistas iraníes sobrevivientes se marchan a su patria, China y Rusia retiran sus delegaciones deportivas pues ven como una afrenta la decisión de Londres y apoyan al presidente Ahmadinejad quien motivado por un embargo económico y la masacre de sus compatriotas,  dos días después, a la media noche del 3 de agosto, declara la guerra a Inglaterra,  Estados Unidos hace lo mismo con Irán, a lo que China  y Rusia declaran la guerra a la nación americana y a los ingleses, ha comenzado la Tercera Guerra Mundial.

Villa olímpica, Stratford city, Londres

Lo que pocos saben es que todo es parte de un oscuro plan armado por una Sociedad secreta que desde su formación ha tenido como objetivo principal, tener el control del mundo entero, unificarlo en un “Nuevo Orden Mundial”, Los Illuminati.  En ese plan, estaba contemplado hacer creer a la opinión pública, que Irán estaba implementando energía nuclear para crear armas de destrucción masiva, lo cual no era cierto; ante estas declaraciones, la Unión Europea impuso un embargo petrolero a Irán, el cual entró en vigor el primero de julio del 2012, días antes de iniciar los juegos olímpicos.  Lo que en verdad querían los miembros de dicha Sociedad, era crear un clima de tensión, un motivo para iniciar un conflicto bélico; por tal razón, se infiltraron en la seguridad inglesa, como ya lo habían hecho antes en cuanta organización consideraban necesario hacerlo;  para matar a los atletas iraníes y desatar la furia de dicha nación por el atentado.

Esta organización ya había hecho de las suyas tiempo atrás.  Tuvieron participación en la Revolución Francesa, también financiaron toda la campaña antisemita de Hitler en la Segunda Guerra Mundial; ahora iban por algo más grande, su principal razón de existir: El dominio del mundo entero.  ¿Y cómo iban a lograrlo? bueno, en medio de tanto terror, todos necesitan un líder que brinde seguridad, paz a las personas que sobrevivieron; después de la Guerra, había que unificar a todos los habitantes bajo un nuevo mundo,  con un solo idioma, una sola moneda, unas mismas leyes para todos por igual, o sea un “Nuevo Orden”.  El plan era perfecto, no podía haber fallas, pues se había venido desarrollando desde hace cientos de años.  Pero no contaron con un pequeño gran detalle…  El hombre es el ser vivo más autodestructivo que hay sobre la faz de la Tierra y cuando de destruir se trata, es un artista, su creatividad para el exterminio no tiene límites y esta vez, no sería distinto.

En la Segunda Guerra Mundial, se lucieron estrenando la bomba atómica, esa fue la “cereza” en ese amargo pastel que el

Proyecto HAARP, Gakona, Alaska

mundo tuvo que digerir en esa fecha.  Ahora en esta guerra, la estrella fue la llamada “Poyecto HAARP”, que quiere decir en inglés: High Frequency Advanced Auroral Research Project.  Traducido al español sería, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia.  Desarrollado en unas instalaciones militares situadas en Gakona, Alaska,  un misterioso proyecto el cual consistía en 180 antenas que funcionando en conjunto eran como una sola antena que emitía 1 GW =1.000.000.000 W, o sea un billón de ondas de radio de alta frecuencia las cuales penetraban en la atmósfera inferior e interactúan con la corriente de los elecrojets aureales.

Para explicarlo de la forma más simple, HAARP tenía el poder de desencadenar inundaciones, sequías, huracanes y terremotos en cualquier parte del mundo; incluso podía manipular la mente humana; el hombre quizo jugar a ser Dios, controlando el clima mundial, lo que nunca imaginó, fué que al cambiar el clima en un hemisferio, en el otro se vería afectado también, por querer ser Dios, le decía “adios” a su existencia; este fue el inicio del fin del mundo…

Tornado creado con HAARP

El anterior es un resumen de un cuento que escribí hace unos meses y que me ha servido para ilustrar este post.  El ser humano ha vivido por siempre con una obsesión por el fin del mundo.  Desde tiempos lejanos esa ha sido una de las preocupaciones más latentes en la mente del hombre.  En 1899, la gente creía que en el año siguiente, el mundo acabaría.  En 1999, también tenían temor de que en el 2000 todos pasaríamos a mejor vida; apocalipsis, profecías y fatídicas predicciones nos han acompañado todo este tiempo y han dado pie para historias que  han llegado a la pantalla grande y se convirtieron en éxitos de taquilla; el Armagedón ha sido además de una “piedrita en nuestro zapato” un gran negocio para los grandes estudios de cine y por supuesto para quienes especulan con el temor colectivo, “¡Arrepientanse, el fin está cerca!” nos han dicho en algún momento.  En internet hay más de mil historias de supuestas conspiraciones de Sociedades Secretas que quieren apoderarse del mundo o de enormes asteroides viajando sin control y que chocarán contra la Tierra, solo en Youtube por ejemplo, hay más de 36.000 videos sobre el tema.

Si todo tiene un comienzo en esta vida, lo lógico es que todo tiene un final también.  Nadie sabe cuando será, aunque los Mayas digan que es el 21 de diciembre o que los Illuminati empiecen con su malévolo plan ahora en las olimpiadas de Londres; lo cierto es, que a veces le damos tanta importancia al final de los días, que olvidamos por completo los que vivimos ahora, el presente.  Por estar pendientes de un final que tarde o temprano llegará, no disfrutamos el amanecer de hoy, la lluvia de hoy, el aire de hoy, la gente que amamos y que nos ama hoy.

Con el perdón de los Mayas, yo voy a disfrutar mis días uno a uno, si llego a Navidad este año, ya eso es ganancia, si veo la luz del sol mañana, es un regalo que Dios me da.  Con el perdón de Nostradamus pero creo que el tipo se perdió de sus mejores días metido en una habitación escribiendo sobre un futuro que estaba quinientos años después de su nacimiento, en lugar de correr por esa campiña francesa del brazo de su amada, tumbarse en el suelo boca arriba y dar gracias por respirar ese aire puro, por ver hermosos paisajes y escuchar bellas notas musicales mientras besaba en los labios a su mujer después de verla a los ojos y susurrarle un “Te amo”.

Leí por ahí que cada día tiene su propio afán, que no hay que preocuparse por un futuro incierto, que lo único que tenemos es el hoy.  Vivamos cada día con intensidad, es bueno pensar en el futuro, pero no de una forma fatalista, más bien siendo conciente de que son nuestros actos de hoy los que alteran y definen el mañana, vivamos de tal manera que todo lo que hagamos nos beneficie y no nos perjudique después y desechemos de una buena vez esa obsesión por el fin.

En el ombligo del año

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El 15 de junio me encontraba en un vagón del metro, camino a mi trabajo cuando por esas extrañas casualidades, alguien escuchaba una canción de uno de mis grupos de música en español preferidos: “Un año más”, de Mecano e inmediatamente me transportó a Costa Rica, seis meses atrás, a la noche vieja pasada.  A mi mente retornaron el olor de la pierna de cerdo asada en el horno, los platanitos en gloria tradicionales de mi madre, mis tías colocando los cubiertos en la mesa mientras otros poníamos la música y escuchamos a los demás hecer “El balance de lo bueno y malo”  del año que terminaba.  Y como dice la canción: “cinco minutos antes de la cuenta atrás”  comíamos las doce uvas de la suerte y sacábamos nuestra lista de buenos propósitos para el año que venía. Definitivamente en esa fecha: “Entre gritos y pitos toditos los ticos, enormes, bajitos, hacemos por una vez, algo a la vez”.  

Pero cuando esa festividad pasa y conforme transcurren los días, el espíritu que nos invadía en esa noche, parece que se queda atrás, en la parte baja de la cuesta de enero, o talvez el término de las vacaciones indica que el tiempo de las ilusiones ha expirado y la realidad nos pega una sacudida como diciéndonos _¡Hey!, ¡Despierte!, hay que pagar agua, luz, teléfono y cable, ¡no hay tiempo para esas pendejadas!_ Y entonces se nos olvida la lista.  En otras ocasiones, estamos conscientes de ésta y tratamos de cumplirla, pero la vida tiene a veces otros planes para nosotros y las cosas no salen como hubieramos deseado.

Seis meses después de la “cuenta atrás” saltan un sinfín de preguntas, que muchos de nosotros debemos hacernos en silencio.  Por ejemplo: ¿Cuántos kilos he bajado de los que escribí en mi lista?.   ¿Lograste ahorrar el dinero para comprar eso que tanto querías o te hace falta un poco?.  ¿Dejaste ese vicio que tanto daño te hacía?.  ¿Ya hiciste ese viaje por el que saliste como demente con unas maletas a darle la vuelta a la cuadra en noche vieja?.  ¿te reconciliaste con esa persona que estabas disgustado?.  ¿Encontraste el amor?.  ¿te casaste o pronto te vas a casar?.

El ombligo del año es una buena fecha para revisar esa lista y ver que hemos logrado y que nos falta por hacer.  Este humilde servidor por ejemplo,  les puede decir que entre las cosas que he tachado de su lista y a mucha honra, es que dejó de fumar, en otras está trabajando aún, pero no pierde las esperanzas de cumplir con la mayoría de sus propósitos.  Lo importante talvez no sea conseguir todo lo que queríamos hacer en enero, porque a veces hay propósitos que son desproporcionados; lo que realmente importa es el empeño que uno ponga en luchar por lo que se quiere, o sea el paso del propósito a la acción.

Si te pusiste una meta y no la has alcanzado, primero, cero frustración, no te sientas mal y mejor pregúntate que has hecho para obtener eso que tanto quieres y si no has hecho nada, ¿qué te impide comenzar hoy? el año no ha terminado, todavía queda buen tiempo para trabajar en nuestros anhelos, ¿ó es que acaso sólo en enero se puede iniciar y como estamos en junio, mejor nos sentamos estos seis meses y esperamos a que llegue el próximo enero?.  Nadie nos garantiza que veamos  la próxima noche vieja, si el principal deseo para este año es que los Mayas se equivoquen con su dichosa profecía y que el mundo no colapse el próximo 21 de diciembre.  Así que no hay que perder más tiempo.

Es cierto, todos tenemos sueños, todos alguna vez hemos hecho una lista con las cosas que queremos para el siguiente año y si hacemos esa lista es porque aspiramos a ser mejores, a tener una mejor vida, a darles a nuestros seres queridos lo que se merecen; pero también es cierto que no hay que esperar a que las cosas nos caigan del cielo, hay que subir al cielo por ellas.

Volviendo al vagón del metro, en esa mañana a mediados de junio observo los rostros de los demás pasajeros que viajan conmigo, tratando de imaginar qué pasa por la mente de esas personas, ¿cuántos habrán logrado algunas de las metas que se propusieron?, ¿cuántos tendrán miedo de hacerlo?.  A mis recuerdos digo adiós y le pido a Dios que en lo que queda del año en vez de una ilusión, pueda tener dos, para compartir con las personas que quiero, y que a todas las personas en el mundo ya sean Marineros, soldados, solteros, casados, amantes, andantes y alguno que otro cura “despistao” , obtengan todo por cuanto luchan.

En el ombligo del año, todavía podemos hacer muchas cosas, ¡ánimo!, el primer paso es el más difícil, pero todo en esta vida, se puede lograr con voluntad.  Mientras tanto, les dejo un recuerdo para cargar baterías en este medio tiempo…  A mí me funcionó, espero que a ustedes también.

La Perra de Buchenwald

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En un día de primavera, las musas te susurran al oído grandes ideas.  Todo huele bien y el sol es tan benévolo con la gente, que apenas calienta, no sofoca, como lo hace en verano.  En un día de esos donde solo cosas buenas te pasan por la mente… ocurrió esta historia.

La mañana estaba radiante, bulliciosa, llena de vida, parecía por las vísperas, que iba a ser un día perfecto.  La luz del sol se filtraba por una ventana del cuarto de baño de una hermosa pelirroja que tarareaba una melodía mientras se bañaba en vino de Madeira, vertido en la bañera, eso mantenía su piel rejuvenecida, mientras repasaba las notas de su canción, pensada en todo lo bueno que le había deparado el destino.  Un amante esposo que la complacía en todo lo que ella deseaba, unos hijos sanos y amorosos a los que adoraba con toda su alma, una gran casa como siempre la había soñado: Tres niveles, escalinatas de mármol entremezcladas con pisos de Parquet, unas amplias habitaciones estilo victoriano, un gran salón forrado con finas maderas de ébano y espejos empotrados en sobrios marcos dorados, donde daban fiestas a sus invitados y amigos, un enorme jardín con hermosas flores que ella personalmente había escogido; en una sola frase, ella era feliz.

Después del baño iba a disponer con sus sirvientes todos los detalles para una gran fiesta que tendrían esa noche.  Celebraban un aniversario más de matrimonio.  Todos sus familiares, amigos y grandes personalidades del gobierno estarían en el evento.  Llegó la hora de la celebración y los invitados disfrutan de los mejores licores importados y bocadillos, mientras bailan y escuchan la Orquesta de Ernst Van’t Hoff  tocando: “Alles wird gut” (Todo va a estar bien).  Los invitados admiran el buen gusto de la dama para decorar la casa y la felicitan, ella sonríe y les muestra sus últimas adquisiciones: unas lámparas rústicas fabricadas con cuero decorado con hermosos diseños, una agenda forrada con fino cuero que le regaló su esposo y una colección de hermosos dibujos realizados sobre cuero.  Es la reina de la fiesta, se siente mejor que nunca, cuando de repente, se asoma lo inesperado.

De pronto la música de la orquesta se detiene abruptamente, un aire frío envuelve el gran salón de la casa, la anfitriona sonríe de nuevo y le pregunta a los de la banda el por qué de su inesperando silencio, ellos la observan, ella dirige la mirada a sus invitados y pregunta: _¿Qué les pasa amigos míos?_  Sus invitados no contestan, solo la observan con asombro, como atónitos, ella se pone nerviosa y pregunta de nuevo:  _¿Qué les pasa amigos?_   Ninguno le contesta, pero entre ellos susurran algo que la pelirroja no logra escuchar, cuando de repente, de entre el grupo de gente desconcertada sale un pequeño niño de algunos 7 años de edad y señalando con su dedo indice a una puerta que estaba detrás de la hermosa señora le dice:  _Mire_   Ella vuelve a ver hacia atrás y descubre que de la puerta empiezan a salir decenas de cadáveres malolientes, unos incompletos otros sin piel, el hedor se esparce por toda la casa y caen amontonados en sus bellos pisos de Parquet.

Los invitados salen despavoridos, gritando horrorizados mientras ella les dice que no se vayan,  que puede explicarles de que se trata todo eso, desesperada llora por lo que puedean pensar sus amistades y grita desde la entrada principal de su casa: _ ¡Esperen, vuelvan, no se vayan, noooo!_  De repente, despierta en otro lugar, es de primavera, pero no huele bien, solo a moho, el sol no ilumina la habitación pues no hay más que una pequeña abertura por el cual un pequeño rayo se asoma, no hay pisos de Parquet, solo cemento mezclado y áspero, tampoco hay vino de Madeira para el baño, solo una ducha de agua fría y compartida con otras compañeras; ante todo esto, ella lanza un enorme suspiro, como sintiendo alivio y dice: _ ¡Que bueno, todo fué un sueño!_ 

Si se preguntan de quién carajos les estoy hablando, no es más ni menos que Ilse Koch, mejor conocida en el mundo como: “La Perra de Buchenwald” Era la esposa de Karl Koch, Comandante del Campo de Concentración de Buchenwald de 1937 hasta 1941, durante la Segunda Guerra Mundial.  La llamaban así, porque era cruel y desalmada con los prisioneros, les aplicaba los castigos más terribles para saciar su sadismo.  Por ejemplo, les arrancaba la piel a los hombres que tenían tatuajes que le llamaban la atención y los coleccionaba, hacía pantallas para lámparas con la piel de los reclusos, usaba una agenda forrada con la piel de un judío y a las mujeres embarazadas, las obligaba a correr mientras eran perseguidas por perros hambrientos,  solo por diversión.  Hacía pisapapeles con las cabezas reducidas de algunos privados de libertad y conservaba en formol distintas partes de la anatomía de los mismos.

La maldad de Ilse no conocía límites,  necesitaría más de un post para contarles los horrores que les hizo vivir a los prisioneros durante el Holocausto.  Cuando los Aliados ganaron la Guerra y liberaron a los prisioneros, Ilse fué capturada, llevada a juicio y condenada a cadena perpetua, escribió una carta a su hijo en la que manifestaba que no sentía ningún remordimiento ni pena por todos los crímenes que había comentido.  A los 4 años fue liberada y luego llevada a juicio nuevamente, ratificándole la anterior sentencia. A los 61 años de edad, la hermosa pelirroja, de la que nadie nunca hubiera sospechado que tuviera sentimeintos tan perversos, se suicidó colgándose con unas sábanas en su celda de la prisión de Aichach en Baviera. En su última carta escribió: “No hay otra salida para mí, la muerte es la única liberación”.

No solo hay perros en Buchenwald, la maldad no solo tiene testículos, también usa “Brasier”.  No hay género para las más bajas perversiones de los seres humanos.  Esta historia es un claro ejemplo.  Puede que éste parezca un post oscuro, que talvez alguien piense: “¡uy que feo eso, mejor no lo leo!”  Pero aunque no lo lean, sepan que la maldad existe, no es invento mío, ignorándolo no se acaba el problema.  Todos somos malos en potencia, pero hay algo que hace, que en nosotros se desarrolle las ganas de ser mejores, son los valores.  Valores que nos inculcan nuestros padres desde pequeños, nuestros maestros y profesores , son éstos, quienes nos diferencian de  seres funestos como la Perra de Buchenwald.  La guerra terminó hace 67 años y aunque parezca mentira todavía hay gente que tiene el cinismo de gritar a viva voz:  “¡Heil Hitler!”.  Todavía hay personas que no toleran a otras de un color distinto, de una forma de pensar distinta, de una nacionalidad distinta.

Si, es cierto que en un día de primavera, las musas te pueden soplar al oído grandes ideas; pero también es cierto que los pensamientos más oscuros no tienen época específica en el año, que el mal no descansa, no duerme, no espera, así que lo mejor que podemos hacer, es transmitir y practicar todo lo bueno que hemos aprendido hasta ahora y estar alertas, estar despiertos, estar atentos, porque detrás de una cara bonita puede esconderse el más cruel de los corazones.

Si San José fuera Caracas…

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Si San José fuera Caracas, probablemente, no estuvieran leyendo esto.  Talvez, mi computadora decomisada y yo seguramente preso; preso por escribir lo que pienso.  La libertad sería una utopía, de los tiempos en que RCTV existía.  El periodismo se doblegaría ante el poderoso y lo que a él convenga, solo eso  informaría.

Si San José fuera Tokyo, los católicos miedo tendrían, pues por rezar un Rosario o celebrar una misa, serían perseguidos por profesar una fe distinta.  La libertad de culto comenzaríamos a extrañar, como se extrañan las “Posadas” en Navidad.

Si San José fuera La Habana, el dolor me embargaría, porque lejos, en el exilio, el llanto me ahogaría, al no poder estar en mi tierra, con mi gente.  Los balseros saldrían de Limón y en un partido amistoso de la Selección nacional en el extranjero, desertarían los jugadores con ansias de ser libres.

Si San José fuera fuera Berlín, en su cara habría una gran cicatriz, recuerdo de una de las páginas más oscuras de la historia de la humanidad.  Los pedazos del “Muro de San José” estarían en varias naciones del mundo, ese muro que en lugar de alemanes, habría vistos miles de “Ticos” huir de un lado de la ciudad al otro, en busca de un poco de paz.

Si San José fuera Santiago, un manto de misterio la cubriría, pues aún en estos días, muchas familias clamarían justicia por todas las personas que desaparecieron en los años 70, sólo por pensar diferente y levantar la voz en contra de una dictadura.  Una justicia que nunca llegó, como tampoco volvieron a sus casas todos los desaparecidos.

Pero San José no es ninguna de estas ciudades antes mencionadas, es la capital de un “pedacito de cielo” en el que tuve el privilegio de nacer.  Un lugar que extraño tanto y me duele saber, que haya gente que hable de revolución en Costa Rica, cuando no tienen ni la más mínima idea de lo que es vivir en opresión,  de que pasen las horas y que no sepas si verás la luz del sol el siguiente día.

Puedo dar muchos otros ejemplos, y seguir comparando nuestra patria con otros lugares, pero la verdad es que muchos, no valoramos lo que tenemos.  Costa Rica no será un país perfecto, pero al menos todavía se puede decir lo que se piensa, sin temor a represalias.  Aún la libertad de prensa, se pasea cómodamente por nuestras calles.  Nadie ha cerrado un medio de comunicación por tener una corriente de pensamiento diferente a la de los demás.

En Costa Rica se puede encontrar en una esquina a unos católicos que van para misa, y en la siguiente esquina otras personas que van para un Culto.  Da lo mismo si eres Testigo de Jehová o  judío, nadie persigue a nadie por su credo.  No será el Edén, pero por algo, desde hace muchos años la conocen como “La Suiza Centroamericana”

Cuando escucho o leo algo sobre “lo mal que están las cosas en nuestro país” me pongo a pensar en lo limitado que tenemos el concepto de “mal” en nuestra mente.  Llueven las críticas sobre el Gobierno, pero demos gracias a Dios porque podemos hacerlo y seguir caminando como si nada, en otros países las palabras se quedarían atoradas en nuestra garaganta por temor a perder la vida.

Todos somos presidentes, todos nos creemos ministros, todos seríamos “mejores diputados” que los que hoy ocupan una curul en Cuesta de Moras; tenemos las soluciones a los problemas de nuestro pueblo y damos por un hecho que lo haríamos mejor que los que hoy nos gobiernan.  Esta bien criticar, cuando esa crítica es para mejorar el panorama nacional, pero cuando se hace por el simple hecho de ofender y lastimar a las personas que tratan de hacer algo por el bien del país, deberíamos callar y pedir al cielo sabiduría para que cada quien haga lo correcto.

Para quienes piensan en revueltas en mi país, creo que no tienen  idea de lo que están hablando, talvez no han perdido un familiar en la Guerra; talvez nunca han estado en la cárcel por soltar de más la lengua.  O talvez crean que es divertido insitar a la gente a cometer tonterías, esas gentes no saben lo que es tener que salir de su país hacia el exilio; quizás si San José fuera Caracas, Tokyo, Berlín o Santiago, valorarían el hecho de vivir en una nación como la nuestra, con todo lo bueno y lo malo que en ella se encuentra, ni por un momento lo cambiaría, por otro lugar de este planeta.  Gracias Dios por haber nacido en San José, gracias Dios por darme por patria a Costa Rica.

Pretzels con Agua dulce

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Nueva York es una ciudad con un clima tan cambiante, como las decisiones de nosostros los humanos.  En un momento el viento como que te empuja a cometer locuras y al otro instante cae la lluvia y te obliga a tener paciencia.  En uno de esos días, con un clima un tanto “bipolar” ocurrió esta historia.

Alan Castro, fotógrafo de San José, Costa Rica acaba de llegar a Manhattan para realizar unos cursos de especialización en su carrera y probar suerte en la “Gran Manzana”.  Como cualquier viajero al principio le dió mal de patria y extrañaba todo lo que un buen tico puede recordar de su país; pero hay algo que no podía dejar olvidado y que llevó consigo a su nuevo hogar. No piensen mal, no es “Guaro Cacique”, La bebida favorita de Alan era el Agua dulce y llevó con él varias “tapas de dulce” para prepararla allá.  Todos los días llevaba consigo un termo mediano, lleno de su bebida, ¿un tanto extremo su vicio verdad?

En el otro extremo tenemos a Nancy Wilson, Bibliotecaria, recién graduada y que por esos golpes del destino, consiguió trabajo en la Biblioteca Pública de Nueva York, su personalidad extrovertida y alegre, contrastaba con su trabajo _ Una chica bella e inqieta, no es para que esté metida entre libros_ decían sus amigos, pero ella era feliz con lo que hacía.  Al igual que Alan, Nancy tenía una debilidad: los “Pretzels” y aunque es una comida de origen alemán no hay neoyorkino que nunca haya comido uno de éstos panecillos, sino, pregúntenle a Nancy que a donde fuera, llevaba siempre una buena cantidad.

Unas ráfagas de viento y una lluvia de una tarde cruzaron los caminos de nuestros personajes, (para no hacerlo tan dramático y decir que fué el destino).   Alan se refugió del agua en la Estación del metro, Nancy llegó 5 minutos después, toda empapada y se sentó a la par de Alan.  Nancy moría de frío, Alan le sonrió y le dió su chaqueta diciendo: _Mi nombre es Alan, ponte esto, estás temblando_ .  Ella respondió:  _ ¡Gracias! soy Nancy, no sabes cuanto te lo agradezco_   De ahí en adelante abreviaré todas las líneas que rige el protocolo en estas situaciones y los llevaré al punto donde comienza de veradad la historia.

El le habló de las maravillas de Costa Rica, ella le dijo que había leído un libro sobre los sitios turísticos de su país.  Alan no habla muy bien inglés, pero Nancy usa “Google Translate”.  El recuerda que lleva Agua dulce en su termo y le da a  ella para que se caliente un poco, ella saca su bolsa de Pretzels y los comparte con él.  Mientras la lluvia se va apagando poco a poco, un extraño brillo aparece en lo ojos de nuestra pareja pasada por agua.  Ella hace 6 meses que no tiene novio; él se fué de Costa Rica para olvidar un amor.  El la invita al cine y a cenar; ella siente que ésto puede funcionar y antes de despedirse le dice a su nuevo “amigo”: _¡Yo llevo los Pretzels!_ él responde: _¡Y yo el Agua dulce!_

Ambos quedaron encantados no sólo de sus debilidades gastronómicas, sino también uno del otro, pues desde ese día se compenetraron como ninguna pareja que haya visto.  En los meses siguientes, Alan dominó el inglés y ella guardó su “Google Translate”, pues ya tenía un mejor traductor.  Nancy aprendió a comer “Gallo Pinto” a decir “Mae” y otros regionalismos (por llamarlos de alguna manera) que por recato mejor omitamos.  El No solo adquirió el gusto por los pretzels, sino con que ella se hizo íntimo amigo de “la ciudad que nunca duerme”.  Lo que comenzó en una tarde lluviosa, ya a finales del otoño se había convertido en una historia de amor, al mejor estilo neoyorkino, con un poquito de salsa Lizano.

Que a lo largo del camino tuvieron problemas, claro ¿y qué pareja no los tiene?.  El tenía una suegra episcopalista que no quería a los latinos; ella toda una familia que no veía con buenos ojos una “Gringa” como novia de él.  Pero todo el que se opone tiene que entender, que los besos saben igual en español o en inglés.  Que cuando alguien dice “te amo” a otra persona, lo dice con el corazón y éste no preferiere idiomas de ninguna nación.  Todos tuvieron que entender, que los Pretzels con agua dulce saben muy bien, que “amor” o “love” siempre llevan cuatro letras, significan lo mismo y se siente  con la misma intensidad ya sea en Nueva York o en San José.

Alan terminó sus estudios y se convirtió en uno de los fotógrafos más reconocidos de nuestros días.  Nancy, se convirtió en Subdirectora de la Biblioteca Pública de la ciudad.  Un año después se casaron y se fueron de luna de miel a Costa Rica, contra todo pronóstico, contra las quejas de ambas familias, cuando quieres estar con alguien, tienes luchar por ese querer, si lo lograste bueno, pero sino, a intentarlo otra vez.  Lo que empezó en Manhattan con unas ráfagas de viento y una lluvia al atardecer, transformó a estos personajes de diferentes orígenes en un mismo ser.  Ahora están en una playa de Guanacaste, en un viaje de placer y aunque ustedes no lo crean y lo encuentren cursi también, ella lleva unos pretzels y él su termo con agua dulce.

No sé como terminará su historia, pero sé como empezó, lo que si les puedo asegurar, es que ya tengo miedo al clima de Nueva York.

En el País de las Maravillas

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El que tenga 2 dedos de frente… entienda:

Hace mucho tiempo, allá en la Tierra Media del “Nuevo Mundo”, existía un hermoso reino al que todos llamaban:  “El País de las Maravillas”.  Un lugar donde todos vivían felices como las lombrices (Nunca entendí esta comparación, pero bueno, eran felices).  Ese país estaba gobernado por la famosa “Reina de Corazones”, era muy conocida por su fama de ser estricta y despiadada con los miembros de su corte, no les toleraba ni el más mínimo error.  Pero no siempre fue así y esa es la historia que vengo a contarles hoy; la historia de como la Reina del País de las Maravillas se volvió tan famosa… hasta nuestros días.

Antes de subir al trono, la pequeña…, perdón omitiremos el nombre, no es tan relevante, el punto es, que la joven reina, asumió el mando con los ojos de todos sus súbditos mirándola con recelo.  Muchos se preguntaban si sería capaz de hacerle frente a la dura labor que le esperaba.  Su antecesor dejaba al país en unas condiciones no muy favorables, lo que hacía que la reina tuviera en contra a gran parte de ciudadanos en contra de la dinastía a la que ella pertenecía.  Nunca antes una mujer había ocupado el trono de esta nación, lo cual era otro punto en su contra, pues no sabían si era apta para su puesto.  En fin, el caso es que en ese ambiente de incertidumbre, se coronó de todas formas.

Escogió muy bien a los miembros de su corte, de hecho conservó dos miembros de la corte del anterior rey, muy buenos elementos, debo decir; los otros nobles eran personas de su entera confianza y el mandato de la Reina de Corazones empezó sin mayores contratiempos… Hasta que una vieja enemiga del reino, apareció para sembrar la semilla de la discordia.

Una Bruja mala que había causado estragos en reinados anteriores, volvía para hacer daño a la nación.  Hasta el nombre de esa Bruja da miedo, se llamaba “Corrupción”.  Rápidamente lanzó un hechizo sobre todos los miembros de la corte para que se convirtieran en sus esclavos.  Algunos, como los dos del rey anterior, parecían inmunes al hechizo de esta bruja, pues ya conocían a la temible hechicera y tenían controlado sus embrujos;  solo los nuevos, los innocentes que no conocían los alcances nefastos que tenían las artimañas de Corrupción, fueron los que irremediablemente sucumbieron a sus poderes.

Varios Nobles de la Corte comenzaron a trabajar influenciados por los embrujos de la hechicera y los habitantes del reino comenzaron a darse cuenta.  En el país de las Maravillas, las cosas no iban muy bien.  Ya los habitantes estaban molestos con la reina por un llamado “Plan de recaudación de impuestos justo”, que según ellos de justo no tenía nada.  También, un conflicto con el reino vecino del norte, el cual invadía una región dentro de sus límites caldeaba más los ánimos de los ciudadanos.  A esto se le sumaba el mal estado del puente que conectaba el Palacio de San Zapote (Nombre del centro neurálgico del reino) con el resto del país.  Inseguridad en aumento, escasés de empleos y vías de comunicación en mal estado eran parte de la realidad de Maravillas.  La popularidad de la Reina de Corazones, venía en picada.

Los ciudadanos no se explicaban para que más impuestos, si nadie sabe que se hace con los que ya cobran.  En cualquier provincia de la región el tema de conversación era el mismo.  Disturbios cerca del Palacio,  protestas en las calles de parte de los curanderos del pueblo casi hacen colapsar el sistema de salud instaurado años atrás pues no había dinero para pagarles.  El caos asomaba sus narices y quería pasar una buena temporada en el País de las Maravillas, pero por un golpe de suerte o una buena estrategia de negociación, la reina salió bien librada de que sus súbditos quisieran derrocarla.

Aún así, su popularidad seguía muy baja, pocos la querían en el trono y de repente, comenzaron a aparecer las víctimas de la malvada bruja.  Ya no se podía confiar ni en los guardias del reino, porque a éstos en sus narices se les habían robado 215 armas de las que utilizaba la Guardía de caminos.  La gota que derramó el vaso,  del conflicto con el reino del norte, Se ordenó la construción de una enorme calzada en esa zona, la cual llevaría el nombre el nombre de uno de los reyes más amados en el país (La Vía Juan 1856), esta carretera tendría un costo de 20 millones de denarios, pero ya Corrupción también había metido sus manos en ésto y envolvió a dos miembros de la Corte, que fiscalizaban las contrataciones para hacer la calzada haciendolos cobrar un dinero a unas empresas para adjudicarles la construcción de la misma.

El Noble jefe de éstos empleados, cabalgó hacia palacio y le informó a la reina lo que sucedía.  Imagine por un momento la presión de la gobernante al saber tales cosas, sumados sus anteriores problemas y el descontento de sus súbditos, no aguantó más y en ese momento nació la frase por la que es tan famosa en todo el mundo: “¡Que les corten la cabeza!”  Y no solo a los funcionarios que cayeron ante la bruja, al jefe de estos que llegó de mensajero también pidió: “¡Que le corten la cabeza!” a lo que agregó: _En mi reino no toleraré ningún traidor_ Dicho esto se retiro a sus aposentos y desde entonces se convirtió en una Reina con mano dura, intolerante con todo aquel que caía en los enredos de su enemiga, todo aquel que era encontrado en compañía de corrupción, inmediatamente era condenado a cortarle la cabeza.

¡Que le corten la cabeza!

¡Que le corten la cabeza!

Si esta historia se parece a alguna que hayan visto o leído antes, les aseguro que es pura coincidencia.  Mi intención no es señalar a nadie, mucho menos jugar de juez, al contrario, a veces a las niños hay que contarles historias de terror, disfrazadas de cuentos de hadas para que no se asusten por la noche.  La corrupción está presente en todas partes, talvez lo que hemos presenciado en estos días sea nada más que la punta de un gran Iceberg que se esconde en las profundiades de los gobiernos en todo el mundo.  Lo que si debemos tener presente son dos cosas:  La primera, como decía mi abuelo: “En arca abierta, hasta el justo peca!”, así que no nos rasguemos las vestiduras y señalemos a estas víctimas de sus deseos de tener más, ya los juzgaran quienes tengan que hacerlo.  Y  la segunda, demos gracias a Dios, los que no hemos caído en esas actitudes y aprendamos de las experiencias de los personajes de este cuento.  Todo se sabe en esta vida y recuerden, que si algún día alguien cae embrujado por Corrupción y es descubierto,  ahí estará la Reina de Corazones para ordenar: “¡Que le corten la cabeza!”  Así que mucho cuidado, hermanos funcionarios públicos, los de hoy y los de mañana!  Mantengamos siempre la cabeza unida a nuestro cuello.

Fin

Espejito, espejito…

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Todos conocemos la historia de Blancanieves.  La niña huérfana a quien su malvada madrastra mandó a matar porque le quitó el puesto como la mujer más bella de su reino.  Dice la historia que todo empezó porque la Reina tenía un espejo mágico al que ella consultaba como su Gurú personal, algo así como el Rasputín personal de la Zarina Alejandra de Rusia.  La reina siempre le preguntaba: “Esepejito, espejito, ¿cuál es la más bella de todas?”  A lo que su espejo siempre le contestaba: “¡Tu mi Reina, eres la más bella de todas!”  Esta respuesta siempre complació a la dama, hasta que un día su espejo le contestó que era su hijastra, la que le quitaba el invicto título, que por tanto tiempo había ostentado.  Todos saben como termina la historia, la que me ha dado pie para escribir este post.

Desafortunadamente, a nadie le gusta que nos digan la verdad.  Es un golpe tan fuerte y doloroso, que muchas veces tratamos de ignorar.  Nos inventamos una realidad paralela para evitar lo que nos disgusta, lo que nos molesta e incomoda.  No es necesario tener un espejo mágico para darnos cuenta de quienes somos, en el fondo sabemos cómo somos y todo lo que hemos hecho.

Si tuvieramos ese espejo, ¿Cuáles creen que serían las preguntas que le haríamos?  Podrían ser: “Espejito, espejito: ¿Cuál es la única vírgen de mi barrio?”  o si no: “¿Cuál es el más honrado de mi gobierno?”, puede ser: “¿Mi mujer cree que le sigo siendo fiel?” o también: “¿Soy mejor persona que mi vecino?”.  Las preguntas serían tantas, que podrían hacer que el dichoso espejo de desconfigure, con tanta respuesta o que alguien lo haga pedazos, pues no le guste lo que les ha dicho.

¿Por qué será que tenemos problemas para asimilar la verdad?  Todos tenemos secretos, cosas que nos avergüenzan ante los demás y por eso las ocultamos, nos deshacemos de ellas porque no queremos que se den cuenta de nuestra realidad y pensamos en lo mal que nos sentiríamos si las personas conocieran nuestras verdades, talvez no nos aceptarían, nos rechazarían y nuestra vida social se vendría a pique.  Por eso, disfrazamos la verdad ante la gente y damos por un hecho que lo que contamos, en verdad es la correcto.

Me incluyo en estas situaciones, para que no piensen que estoy por encima de esas actitudes humanas, después de todo como cualquier otro mortal, cometo errores, pero si algo me ha enseñado la vida, es que aunque la verdad sea muy desagradable, no hay nada mejor que aceptarla y enfrentarla; al fin y al cabo, como decía mi abuela “Entre cielo y tierra, no hay nada oculto”.

La verdad es como un tratamiento con quimioterapia.  Es doloroso, complicado, tiene efectos secundarios pero a la larga, produce el bienestar que el organismo necesita para sanar, en la mayoría de los casos, claro está.  Nos molestan tantas realidades como nuestra edad, nuestro orígen, nuestra condición social y muchas otros reflejos que el espejo nos lanza a la cara.  Por eso, muchas veces nos disgusta lo que vemos en ese espejo, porque en frente de éste, solo estamos nosotros y lo que vemos es lo que en verdad somos.

Como dice una serie de televisión de la que vi solamente unos prólogos: “La verdad molesta, duele, transforma, separa, revela, incomoda, lastima pero al final… Libera”  Por más que tratemos de huir de ella, siempre nos encuentra.  Por más mecanismos de defensa que utilicemos no van a mejorar nuestra situación, a la larga nos complicará más la existencia.

Si, hay un espejo en el que pocos les gusta verse reflejados.  Se llama realidad.  Muchos al igual que la Madrastra de Blancanieves no soportan la respuesta que en él encuentran.  Otros en cambio, no tienen ningún problema en pararse frente a éste y escuchar lo que tiene que decirles.  Esas son las personas que son como Blancanieves, transparentes, honestos, sinceros y andan por las calles tranquilos, porque son tal y como se ven, auténticos.  Esa es la gente que ha aprendido a aceptarse y aceptar a los demás sin reservas.  Personas que son seguros de sí mismos y que no necesitan preguntar a escondidas: “Espejito, espejito: ¿Quién sabe realmente cómo soy?

Los hijos de Marte

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No existe una cultura que me apasione más, que la cultura Romana.  Conocidos también como “Los hijos del dios Marte”, los romanos desde sus inicios tuvieron todo en su contra para comenzar su historia.  Por ejemplo, el sitio donde se asentaron en un principio, a  orillas del río Tiber y el Monte Palatino, era una extensión de terreno pantanosa, cualquier intento de construir algo, literalmente se vendría abajo; ¿Creen ustedes que eso los detuvo? No, ingeniosos como siempre, construyeron el mejor y más grande sistema de drenaje conocido hasta esa fecha y construyeron su ciudad, la que tiempo después se convertiría en el corazón del más grande y poderoso Imperio del mundo antiguo.  Su legado perdura hasta nuestros días en muchos campos como la arquitectura, las artes, la ciencia, el derecho, etc.  No ha existido una cultura más fascinante que la romana.  Jamás podría resumir en un post todo lo que Roma significa para la humanidad, pero si voy a tocar un punto que me interesa mucho recalcar sobre ellos.

Después de estudiar a los romanos, una pregunta rondaba por mi mente y no me dejaba en paz: ¿Qué motivó a los hijos de Marte a llevar a cabo tales proezas?  La respuesta, muy sencilla: Voluntad.  Si, la voluntad de actuar, de hacer realidad un sueño.  La voluntad se define como: “Un empeño fundamentado en algún tipo de motivación; una actitud predispuesta a lograr un objetivo necesario o positivo”.  Los romanos tenían un sueño, una meta, pero ¿que hubiera pasado si se quedan soñando con construir su pueblo sin hacer nada al respecto?  Probablemente todavía sus descendientes seguirían soñando hasta la fecha, mientras el Mundo sigue su marcha.

Dejando a un lado los aspectos negativos del pueblo del Palatino, me concentro en ese valor que si es destacable en ellos, la voluntad, una voluntad de proporciones épicas que los llevó no solo a dejar colosales construcciones, sino tambien un legado cultural que sigue influenciándonos en la actualidad.  Esa es la actitud que más admiro en ellos y en tantas personas que en nuestra época me demuestran con sus actos, que todo es posible en ésta vida, que por más difícil e inalcanzable que parezca un sueño, lo podemos conseguir, si ponemos todo nuestro empeño en eso.

Hoy en día, basta con mirar bien y encontraremos gente que se parece mucho a los hijos de Marte; gente que tiene metas y que luchan con voluntad para conseguirlas.  Es admirable la voluntad de una mujer que decide tener su hijo, a pesar de ser madre soltera, sin importarle el que dirán.  La voluntad que tiene una persona, que a pesar de tener limitaciones físicas se abre paso en el campo del deporte o en lo profesional.  La voluntad que tiene un joven para seguir estudiando en lugar de entregarse al mundo de las drogas, por mucho que sus “amigos” le digan que eso está “de moda”.

Admiro a las personas que trabajan en el campo de la política y que lo hacen de forma honesta, que tienen la voluntad para pensar primero en el bienestar de su país, antes que el propio y no caen en las tentaciones propias de su trabajo.  Admiro al hombre que tiene la voluntad para salir de su problema de alcoholismo y se entrega de lleno a luchar por su familia, a convertirse en un buen ejemplo para sus hijos.  Admiro a aquel que tiene un sueño de ser un gran escritor y viaja más de 3000 kilómetros de su patria para hecerlo realidad.  Y por supuesto que respeto a todos los que tienen la voluntad de ser cada día mejores y trabajan siempre por lograrlo.

Todo comienza con un sueño, con un fin,  un propósito.  Es bueno ser un soñador, pero no es suficiente.  Hay que actuar, no desanimarse ya que todo comienzo no es fácil.  Habrán obstáculos los cuales deben enfrentarse, Roma no se hizo en un día; nuestro sueños tampoco, requieren esfuerzo, paciencia y muchas veces sacrificio, pero al final, la recompensa supera todo lo que invertimos, nos queda en la boca un sabor a satisfacción, que es indescriptible, pero de nuestro agrado.

Si, todavía quedan muchos hijos de Marte en nuestros días y no son solo los que estan en la portada de la revista “Forbes”,  no, muchos de ellos están cerca de nosotros.  Son personas que tienen el coraje y las ganas de luchar por lo que quieren, que no se amedrentan por muy lejano que parezca su sueño.  Los podemos ver día a día trabajando por obtenerlo; a veces les llamamos “locos”, yo no los veo como tales, al contrario, son seres que perdieron el único factor que frena la voluntad…  El miedo.  Los romanos conquistaron todo el mundo antiguo conocido y se coronaron como los dueños de ese mundo.   Si hubieran tenido miedo de llevar a cabo tales acciones, la historia sería muy diferente a como la conocemos hoy.

Los nuevos hijos de Marte, nosotros, talvez no tenemos que conquistar grandes ciudades o naciones lejanas; pero si queremos alcanzar nuestros ahnelos y sueños, primero tenemos que conquistar nuestros miedos.  Miedo al fracaso, miedo al rechazo, a la burla, al que dirán.  Una vez conquistados estos temores, con voluntad podemos conseguir todo lo que deseamos; intentémoslo, no perderemos nada y podemos ganar mucho.  Vale la pena hacer la prueba.

Cuando amar produce hemorroides

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No hay mejor época en la vida, que cuando estamos comenzando una relación.  Todo nos parece poco, al lado de la persona que amamos, sino, pregúntenle a mi prima Luciana.   Una chica de 20 años de edad, estudiante de medicina,  1,82 m de estatura, cabello negro largo,  preciosa y con todo un futuro por delante.  Cualquier hombre se sentiría orgulloso de estar con una muchacha como ella.  Conoció a su novio cerca de su casa, desde es día no se separaron y la cantidad de habitantes del planeta, se redujo a ellos dos. _Es el hombre perfecto_ le decía a su madre siempre.  Todo en su vida iba de maravilla… hasta que el novio le pidió que se dieran un tiempo para reflexionar sobre su relación.  El cuento de Hadas de mi prima, se transformó en la historia de horror más grande jamás contada.

Dejó de comer y se entregó por completo a su pena, ya no quiere ir a la universidad y llora como alma en pena por su casa, preguntándose, qué fué lo que hizo para que su novio tomara esa desición; todo su mundo se vino abajo y con él  sus ganas de vivir, de seguir adelante por más oscuro que parezca el día.  Su madre angustiada me cuenta que ya no sabe que hacer con ella pues teme que nunca salga de semejante depresión su hija.

Comparto esta historia con ustedes, porque son muchos los casos de personas como Lusiana con los cuales me he topado.  Amigos, conocidos, compañeros de trabajo, hombres y mujeres, incluyéndome, que en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por esa situación, ese incómodo y difícil momento en que el amor, nos produce hemorroides.

Dicen que uno de los dolores más fuertes que existen, es el de un ataque de hemorroides inflamadas.  Ese dolor es comparable solo con el de una pena de amor.  Pero después de darle vueltas al asunto me puse a pensar: ¿Por qué será que nos pega tan fuerte ésta pena? ¿por qué dependemos tanto de una persona, al punto de que no nos interesa la vida si no estamos al lado del ser que amamos?  ¿Hasta qué punto es correcto entregarse a alguien al que creemos amar?

Las respuestas a todas estas preguntas y muchas otras al respecto, las he encontrado a lo largo del camino, después de cada golpe recibido y dado, con las experiencias vividas y las compartidas con otras personas que al igual que yo, hemos padecido de este tipo de hemorroides emocionales.  Aclaro de una vez, que no soy un experto en el amor, pero algo puedo hablar sobre el desamor y los constantes encuentros que las personas tenemos con él.

Creo que lo primero que tenemos que hacer, mi querida Lusiana, es querernos a nosotros mismos.  No se puede dar lo que no se tiene a otra persona.  Ese es el punto, amor propio, autoestima.  Es bueno amar a alguien, pero no al punto de depender al 100% de esa persona.  Ni los gemelos nacen del mismo cordón umbilical, lo que quiere decir, que no dependemos de nadie para vivir.  Tenemos nuestros propios pulmones para captar el aire que necesitamos, tenemos nuestro cerebro que nos permite realizar todas las acciones a lo largo de nuestra existencia; entonces ¿por qué pensar que la vida se nos acaba si nuestro noviazgo, matrimonio o relación culmina?

Enamorarse de una persona, muchas veces quiere decir: “Acá está mi corazón, te lo entrego, tómalo y haz chorizo con él”.  Aunque suene fuerte, así es.  Talvez a quién nos brindamos en cuerpo y alma no siente en la misma intensidad que nosotros lo hacemos y queremos que la otra persona nos demuestre lo mismo, grave error.  Cuando uno quiere, debe hacerlo sin esperar reciprocidad, es una cuestión que se va dando sin presiones, sin condiciones, es un sentimiento que crece más rápido en libertad, pero tan frágil que se ahoga con el mínimo intento de forzar las cosas.

No existe el hombre, ni la mujer perfecta, solo seres humanos que tratan de ser cada día mejores, si buscamos perfección en la gente, al final quedaremos frustrados pues nunca lo encontraremos.  Lo mejor que  podemos hacer, es tener claro que todos fallamos, que nadie está exento de equivocaciones, pero eso no significa que seamos malas personas, lo malo es que pensemos lo contrario, pues ahí es donde tarde o temprano quedaremos desilucionados y sumidos en una nueva depresión.

Todo rompimiento es triste, doloroso y nadie está preparado para hacerle frente al principio.  Sentimos que morimos, que nada tiene importancia en la vida y que nunca encontaremos a alguien tan especial.  Pero conforme el tiempo pasa, nos vamos convenciendo de que en realidad eramos más fuertes de lo que creíamos, que la vida no acaba, solo una historia culmina, para dar paso a una nueva.  El hecho de que nos haya ido mal una vez, no es motivo para pensar que de nuevo correremos con la misma suerte.

El amor es una apuesta en la que todos compramos tiquete, pero aunque cause hemorroides, no hay nada más hermoso que demostrarle a ese “alguien especial” cuanto se le quiere.  Es una apuesta porque todos queremos que nos vaya bien y aunque a veces no es así, queda la ilusión de volverlo a intentar, una y otra vez.  Eso sí, sin olvidar que antes de querer a alguien, debemos querernos nosotros mismos.

Si, es cierto que amar duele como una patada en la entrepierna de un hombre, como unas hemorroides inflamadas, pero ese dolor nos muestra que estamos vivos, que la vida continúa pase lo que pase, que no se detiene el mundo porque alguien nos devolvió los peluches (nos terminó); al contrario, con todo y lo complicado que es, vale la pena correr el riesgo; al final de cuentas las hemorroides emocionales se desinflaman, o se operan… con un nuevo intento.

Etiquetas

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No hay nada más agradable cuando estás en una ciudad tan grande como Nueva York,  que el encontrarte con una persona de tu país.  Eso me ocurrió hace unas semanas en el Metro.  Una compatriota venía de vacaciones a Manhattan y la plática se volvió tan amena y llena de recuerdos, que casi olvido dónde tenía que bajar del metro.  Entre la prisa por salir y el inevitable intercambio de números telefónicos, sin querer empujé a un tipo que estaba delante de mí.  Como es lo justo, pedí disculpas al caballero y cuando bajaba él me gritó con su acento español: ¡Fíjate por dónde caminas, Sudaco de mierda!

Para los que no tienen muy claro el termino “Sudaco” y para evitarles una búsqueda en Google, les diré que dicho vocablo, es un despectivo que utilizan en España para referirse a las personas que somos originarios de América Latina; al principio, sólo se usaba de forma peyorativa para los imigrantes de Sur América, hasta éstos días en que se extendió para referirse a todos los Hispanos.

Al principio me causó gracia, ya que nunca imaginé que alguién me llamara de esa forma; luego, como buen ser humano que soy, me quedaron unas ganas de devolverle el insulto; después de todo,  ni siquiera estábamos en España para dispararme  ese improperio.  Al final, el Metro siguió su camino y aunque me quedé con ese mal sabor de boca, comencé a pensar sobre el tema.

Las personas tenemos esa fea costumbre de andarle poniendo etiquetas a todo el mundo.  Somos expertos en ese campo, pareciera que nacemos con una etiquetadora en la mano, pues desde pequeños le encajamos despectivos a cuanta gente se nos pone en el camino. “El drogadicto”, “La puta”, “El gay”, “La borracha”, “El vago”, “La marimacho”, “El loco”, “La gorda” y muchos otros despectivos más llevan pegadas las personas gracias a la habilidad que muchos tenemos para tal efecto.  Lo malo es que nunca nos etiquetamos a nosostros mismos y si alguién lo hace con nosotros de seguro le recordamos a su madre por un buen rato.

Somos inquisidores en pleno Siglo XXI.  Siempre he creído, que juzgar es un derecho divino, que los mortales le arrebatamos a Dios y no pensamos devolvérselo.  Nos encanta juzgar y condenar a las personas, ¡Pero ay de aquel que ose hacerlo con nosotros!.  Lo peor del caso es que si fueran etiquetas que resalten las cualidades de la gente, no habría ningún problema, pues estamos resaltando lo mejor de las personas.  Pero esas etiquetas van pegadas con un adhesivo mezclado con odio y ese odio nos impide ver lo bueno que dentro de las personas.

El odio y la envidia son los cánceres que van carcomiendo nuestra alma, son los motores que mueven al ser hombre a cometer las peores atrocidades en contra de sus semejantes.  Hitler etiquetó a los judíos como los causantes de la desgracia de Alemania y por ese rencor, murieron más de 50 millones de personas en la Segunda Guerra Mundial.

Ese es un ejemplo a gran escala y de hace muchos años, pero en nuestros días, esta práctica no ha disminuido, sólo se disimula un poco.  Hace un par de meses, un amigo en Costa Rica, paisano guanacasteco por cierto, Se fué a Heredia a estudiar, desde que llegó, comenzaron a etiquetarlo de “Guanaco”, “Machetero” y seguro que no faltó por ahí alguien que le pegara un “Nica regalado” (así nos dicen a los Guanacastecos las personas del área metropolitana en Costa Rica).  Se sentía tan mal, por tanta etiqueta que ya no quería estar en ese lugar.

Si, las etiquetas son el pan diario en nuestros días, ya sea para marginar a las personas por su lugar de orígen o para resaltar lo peor de cada uno de nosostros, la verdad es que lo hacemos con el mayor de los placeres para hacer sentir mal a quien se la colocamos.

Pienso que todos deberíamos correr a la farmacia y comprar una buena dosis de tolerencia, para que aprendamos a resaltar los aspectos positivos de los demás, dicen por ahí, que si no tenemos nada bueno que decir de alguien, mejor no digamos nada.  Todos somos diferentes es cierto, venimos de distintas partes, tenemos diferentes gustos y costumbres, pero eso es lo que nos hace especiales, imaginen que aburrido sería el mundo si todos pensaramos y actuaramos de la misma forma.

Devolvamos a Dios el derecho de juzgar  y asumamos actitudes tan nobles como la aceptación, la tolerancia y el respeto hacia las personas, no nos cuesta nada y ganaríamos mucho.  La vida es préstamo a corto plazo, para que gastarlo en la oscuridad del rencor, eso nos hace más daño a nosotros mismos, que a quien le colocamos la etiqueta.  Nunca hay que hacer a nadie, lo que no queremos que alguien nos haga.  El español que me gritó sudaco puede que por un momento me haya robado la paz, pero no me arrancó un pedazo de piel, ni cosa por el estilo.  Y no generalizo, pues tengo varios amigos y amigas españoles que son excelentes seres humanos, solo sé que hay personas en todas partes que están enfermas de odio, más no por eso debemos pagar con la misma moneda.

Después de ese capítulo en el Metro, si hay algo positivo que resaltar… Es que dejé olvidada mi etiquetadora de personas y no pienso volver a conseguir otra.