¡Manos arriba!

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"¡No grite, ni haga feo, porque lo quemo!"

San José, viernes por la tarde.  Don Arnoldo sale en su carro, sin decir nada a su esposa.  Hoy cumplen 30 años de casados y va a recoger el regalo que apartó para su esposa.  Tres meses antes, un día que caminaba con su mujer por la avenida central, ella vió un anillo en una joyería y Arnoldo notó cómo se iluminaron los ojos de su compañera, al ver aquella joya.  El sabía que era para ella. Lo apartó y aunque no era nada barato, sabía que su amada se merecía eso y más por todos esos años cargados de buenos recuerdos, de pruebas superadas y de 4 hijos maravillosos.  Después de recoger el anillo arranca su vehículo y se dirige a su casa, en San Juan de Tibás, ya está todo listo para la celebración.  500 metros antes de llegar a su casa, hace un alto y de repente… la desgracia se sube a su carro.

Limón, martes en la madrugada.  Barrio Los Lirios, al sur del centro de Limón.  Marta y Celia caminan bien temprano hacia sus trabajos, son buenas amigas y hoy han perdido el bus, así que van de prisa para llegar a tiempo, esperando también que algún conocido les dé un “ride”.  Como es normal en éstos tiempos, ellas van con su celulares, Marta escuchando música y Celia mensajeando con alguien, el trayecto se hace ameno y casi que les parece divertido haber perdido el autobús y de pronto… se dan cuenta que no caminaban solas.

¿Cuántos "Don Arnoldo", existirán en nuestro país?

Guanacaste, domingo, 7:30 p.m.  Diego llega cansado, después de pasar un fin de semana en Playa Carrillo.  Vive en Liberia, pero su hermana trabaja en esa playa, así que decide visitarla por su cumpleaños y celebrarlo con familiares y amigos.  El paseo estuvo buenísimo: sol, arena, mariscos, bastantes “frescos de tamarindo”, buena compañía; en fin todo estuvo increíble.  En el camino hace memoria, ya preparándose para la jornada laboral que le espera, tiene que imprimir unos documentos, planchar una camisa, pues la muchacha que se encarga de hacerlo,  no llegó en esos días; después de preparar todo para ir al trabajo, vería una buena película en su nueva pantalla plana.  ¡La noche estaba planeada!.  Solo que Diego no contaba, con que a su apartamento…  habían llegado unas visitas inesperadas.

Tres historias diferentes, una misma protagonista.  Vidas que parecían normales, de repente se ven afectadas y acorraladas, por la enemiga número uno de la sociedad.  Sí, hablo de la inseguridad ciudadana, esa que día con día se ríe al ver como sus fechorías ocupan las principales páginas de los periódicos, además de los titulares en los noticieros de radio y televisión.

¿Como terminaron esas historias?  Bueno, Don Arnoldo nunca llegó a su casa, pues un delincuente lo encañonó con su arma, lo bajó de su carro y no contento con robarle su carro, le quitó la billetera, y todo lo que andaba de valor, incluyendo el anillo.  De la fuerte impresión que se llevó, le dió un ataque al corazón.  Su esposa nunca supo del anillo y acaba de enterrar a su amado.

Marta y Celia, en Limón fueron sorprendidas por tres hombres, quienes con cuchillo en mano les robaron sus celulares,

¿Hasta cuándo?

sus carteras y las dejaron mal heridas a la orilla de la carretera.  No sólo afectaron dos vidas esa madrugada, sino que impidieron que creciera otra, ya que Celia esperaba un bebé y antes de ser atacadas, el último mensaje que escribió era para su pareja, que estaba trabajando en Siquirres: “vas a ser papá mi amo”.  Eso escribió, pero no se cumplió.  Afortunadamente, ellas sobrevivieron y tratan de reponerse de esa amarga experiencia. Aunque claro está, nunca volverán a caminar por esa calle, al menos solas, nunca lo harán con tranquilidad.

Diego llegó a su apartamento, sólo para darse cuenta, de que lo habían saqueado, no había nada más que su cama, las ollas, su ropa toda revuelta y el control del equipo de sonido, que se les olvidó a los ladrones.  Rabia, impotencia, y ganas de golpear a alguien sintió Diego en ese momento.  Sus vecinos, ni cuenta se dieron y los que vieron un camión parqueado al frente del apartamento, pensaron que se cambiaba de casa.  Ahora Diego no puede dormir.  Escucha ruidos por la noche, siente que en cualquier momento volverán a visitarlo los “amigos de lo ajeno” y aunque le cuesta aceptarlo, tiene miedo. Un terrible y profundo miedo.

Y ustedes se preguntarán: ¿dónde están los culpables de esos crímenes?  Buena pregunta, nadie sabe, la policía sólo respondió en el caso de Limón, ya están identificados los delincuentes y están tras la pista.  En los otros dos casos, todavía no hay sospechosos; mientras tanto, ellos siguen libres por la calles, haciendo daño y marcando la vida de muchas otras personas inocentes, personas como ustedes y como yo que andamos expuestos a ser atacados en cualquier momento.  En cualquier parte de nuestro país y del mundo, la situación es la misma.

Pareciera que en estos días vivimos en una “realidad inversa”, pues por lo visto aquí los delincuentes, somos nosotros.  Si, pareciera que es un delito que una persona tenga dinero, parece que es delito que una persona tenga un buen carro, una buena casa, o simplemente es delito tener un buen reloj o un celular… ¡hasta tener un buen par de zapatos tenis es un delito!, porque cuando menos pensamos nos las quitan en la calle.  La inseguridad sigue ganando terreno y a nosotros nos acorrala, nos hace prisioneros; no sólo nos roba cosas materiales, sino que el robo más grande que nos hace,  es el de nuestra tranquilidad, de nuestra paz.  Todo los que hemos pasado por eso, saben de que  estoy hablando.

¿Y las leyes de nuestro país?, bueno, para nadie es secreto que no nos ayudan mucho, después de todo: ¿Cómo podemos confiar en unas autoridades a las cuales  también les roban?  Se supone que deberían ser sinónimo de seguridad ¿o no?

Mis padres me hablan de una San José tan distinta a la que conozco.  Ellos dicen que antes uno podía caminar con tranquilidad por cualquier calle, salir a la hora que fuera.  Los portones y las verjas no eran necesarias.  Salir de noche a la Sabana era algo seguro, sin riesgos, no como ahora que es una verdadera aventura extrema. ¿Dónde quedó esa San José? o ¿era solo un recuerdo incierto de mis padres?

Esto no es un lamento, ni tampoco una queja en contra de la delincuencia, ya hay miles de personas que lo han hecho y les ha servido de poco.  Tampoco es un texto con un listado de soluciones para éste problema, pues se han escrito tantas y ninguna se lleva a cabo o no funcionan;  simplemente son tres historias reales, historias de los estragos que causa la delincuencia en nuestra patría, historias de gente con sueños, ilusiones, y muchas cosas por vivir y que de golpe todo su mundo da un giro inesperado, doloroso; además,  una de esas tres historias… la viví en carne propia.

Definitivamente, la inseguridad es la reina de las calles.  Ella transita, feliz, tranquila,  sin miedo, orgullosa de ser la única que camina segura por cualquier parte…  Mientras nosotros estamos encerrados en nuestras casas, rezando, pidiéndole a Dios que nos proteja, porque en cualquier momento, cuando menos lo pensemos, alguién  puede salirnos de la nada y decir: ¡Manos arriba!

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