La Mutación de un deporte

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En un futuro, tan cercano como nuestras actitudes lo permitan…

“_ Papá, estaba buscando unas fotos del abuelo y me encontré estos zapatos de suela tan extraña.  ¿Son tuyos papá?

El padre le contesta, con una sonrisa y una mirada envueltas en nostalgia. _Si hijo, son míos, de mis tiempos de Gladiador.

_¡Fuiste gladiador Papá!  ¡No lo puedo creer!.  Contame, ¿qué se siente?

El padre comienza a relatar la experiencia a su hijo.  _Bueno, era algo maravilloso.  Llegar al campo de juego, escuchar al público gritar tu nombre,  ¡A una sola voz!.  Sentir como tu corazón palpita aceleradamente, la adrenalina fluyendo por todo tu cuerpo; ver y sentir el miedo de tus oponentes, ¡Ah hijo mío, esa es una sensación única!.  Tenés en la mente una sola cosa: Ganar.  La derrota es algo que no te podés permitir, los fanáticos no esperan que perdás, no te lo perdonarían.  Sus cánticos y gritos alimentan tus ganas de vencer y cuando finalmente triunfás,  la muchedumbre entera te alaba y por un momento, sólo en ese momento…  ¡Sentís que le estás haciendo cosquillas al cielo!.

_ ¡Suena súper emocionante papá!_    Comentó el hijo   _Pero decime algo:  ¿Por qué lo dejaste?

_Buena pregunta hijo.  La verdad es que me hirieron en la pierna en el último de mis torneos.  Quedé lisiado y nunca más pude volver a un campo de juego.  Pero sabés, antes de mi accidente, destrocé a muchos; aún recuerdo el dolor en sus rostros cuando caían al suelo mal heridos, el público coreaba mi nombre y agregaban a sus gritos: ¡Matalo!, ¡Matalo!, ¡Matalo! y si no lo hacías, corrías el peligro de que ellos acabaran contigo.  A veces no quedaban complacidos con el encuentro, entonces, armaban unas disputas en las graderías y ellos entraban al campo con intenciones de linchar a los gladiadores, se respiraba violencia en el aire ¡y era un aroma muy atrayente!

El hijo interrumpe a su padre y le dice: _Oye papá, mira esta foto del abuelo, ¡tiene un uniforme parecido al tuyo! ¿También fué gladiador?

A  lo que el padre responde:  _No muchacho, tu abuelo no fué gladiador, pero de hecho, practiba algo, con ese uniforme, que fue lo que dió origen a los gladiadores en esta época…  El era futbolista.”

 

Fútbol…  El deporte Rey.  Capaz de mover a millones de personas a los estadios.  El responsable de unir y separar a miles según los colores de sus equipos.  La pasión que vibra dentro de nosotros cuando comienza un juego, la alegría de la muchedumbre al gritar ¡Gol!.  Una de las disciplinas más parcticadas en todo el mundo, capaz de sacar lo mejor de nosostros y tambien lo peor.

La violencia en este deporte va creciendo día con día.  Gozar o sufrir un partido, se ha convertido para muchos en el motor que empuja las acciones más bajas que una persona puede cometer.  Recordemos el caso de Andrés Escobar, defensa colombiano que jugó con su selección en el mundial de 1994 contra la de Estados Unidos; por hacer un autogol, al regresar a su país fué asesinado por un “hincha” que no le perdonó tal error.  O que tal, en nuestro país por ejemplo, la agresión que sufrió hace poco Douglas Sequeira, el partido de la Liga Deportiva Alajuelense contra el Deportivo Saprissa, el pasado 12 de febrero, cuando fué impactado por un reloj que le lanzó un aficionado molesto.

Si bien es cierto que los aficionados se están convirtiendo en un peligro para el fútbol, dentro de las canchas el ambiente no es tan diferente.  Tambien los jugadores, están mutando de futbolistas a “Kick boxers”; en las canchas ya el balón no es tan necesario, pues las patadas y los cabezasos se los dan entre ellos, sin ningún remordimiento y lo increíble de todo esto, es que muchos ven con buenos ojos estos actos, los aplauden y hasta piensan que el que recibió la agresión, se la tiene merecida, solo por ser del equipo contrario o porque nuestro equipo va perdiendo.

A los que no simpatizan con esta disciplina deportiva, talvez puedan pensar “¿A mí qué me importa?“, pero la verdad es que si importa y mucho.  La violencia en el deporte es solo uno de los muchos rostros que tiene este mal.  Y aunque a algunos no le guste este juego, pueda que tengan un pariente o amigo al que si le guste.  Esa persona puede salir herida en un estadio o puede resultar presa por agredir a alguien, solo porque simpatizan con diferentes equipos;  entonces, de una forma u otra, ¿ven que si nos afecta?

El fútbol es para disfrutarlo, para gozarlo, para celebrar cada gol en las graderías, pero ya muchas personas sentimos cierto temor de ir a los estadios, temor de que se arme un pleito y salgamos lesionados, parece que es más seguro ver los encuentros por televisión y no arriesgar nuestra integridad física.  Pero la sensación de saborear un partido desde la gradería, no se compara en nada con verlo por televisión.  Además, no es justo que por temor, dejemos de asistir a estos reductos,  existimos personas que lo amamos, lo vivimos pero no somos fanáticos extremistas sedientos de la sangre de nuestros oponentes.  Respeto y tolerancia son los ingredientes indispensables para ser un buen amante del deporte.

Si, nos gusta el fútbol.  Cuando vamos a un estadio, queremos ver eso…  futbol, no violencia;  queremos ver un buen juego, un juego limpio,  no kick boxing; admiramos a los futbolistas, no a gladiadores en pleno Siglo XXI.  Está bien apoyar  un equipo u otro y que talvez no coincidamos en el mismo bando; pero esas diferencias, deben quedarse ahí, en la cancha, porque en el momento en que traspasamos la línea entre seguidor y fanático, ahí se pierde el sentido para el que fué creado este deporte, entretener y divertir a los aficionados.  Después de un partido siempre debe quedarnos un toque de alegría, de satisfacción por haber disfrutado un buen encuentro, nunca deben quedarnos golpes, odios o rencores, porque entonces, con una gota de odio que vayan aportando más y más fanáticos, en poco tiempo, nuestro fútbol habrá mutado y de él, solo quedaran los recuerdos, de una de las pasiones más fuertes que envolvía a millones de seres humanos y nos hacía soñar.  No es únicamente decirle “No” a la violencia en las canchas, es sacarle “Tarjeta roja” y expulsarla de nuestras vidas, para siempre!

 

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  1. El Fútbol es un deporte que se “vivía con pasión” digo que se vivía porque ya no hay ni una sola alineación “estrella” ya no hay con quien identificarse en los partidos,ya no se juega limpio,tras de todo por todo se tiran,por todo se pelean etc…Esto se vive en el Fútbol nacional todos los días! Ir al estadio ahora es solo para exponerse a que : asalten que te golpeen o que te den un buen susto! Ya ir al estadio no es el paseo de domingo como cuando mi papa me llevaba ! En Costa Rica en especial se perdió el ir al estadio desde que las famosas “barras” aparecieron y no se puede ir tranquilo! Aparte de sacarle “tarjeta roja” a la violencia es crear consciencia en todos que ir al estadio es ir a disfrutar no a pelear!

  2. Es increíble como las personas tenemos esa capacidad para destruirnos entre nosotros y de manchar algo tan bueno y tan hermoso como es el football. Me encantó el relato del padre con el hijo, imagine la escena en mi mente. Muy buen post Moiseliaz, lo felicito.

    Kattia

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