La Perra de Buchenwald

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En un día de primavera, las musas te susurran al oído grandes ideas.  Todo huele bien y el sol es tan benévolo con la gente, que apenas calienta, no sofoca, como lo hace en verano.  En un día de esos donde solo cosas buenas te pasan por la mente… ocurrió esta historia.

La mañana estaba radiante, bulliciosa, llena de vida, parecía por las vísperas, que iba a ser un día perfecto.  La luz del sol se filtraba por una ventana del cuarto de baño de una hermosa pelirroja que tarareaba una melodía mientras se bañaba en vino de Madeira, vertido en la bañera, eso mantenía su piel rejuvenecida, mientras repasaba las notas de su canción, pensada en todo lo bueno que le había deparado el destino.  Un amante esposo que la complacía en todo lo que ella deseaba, unos hijos sanos y amorosos a los que adoraba con toda su alma, una gran casa como siempre la había soñado: Tres niveles, escalinatas de mármol entremezcladas con pisos de Parquet, unas amplias habitaciones estilo victoriano, un gran salón forrado con finas maderas de ébano y espejos empotrados en sobrios marcos dorados, donde daban fiestas a sus invitados y amigos, un enorme jardín con hermosas flores que ella personalmente había escogido; en una sola frase, ella era feliz.

Después del baño iba a disponer con sus sirvientes todos los detalles para una gran fiesta que tendrían esa noche.  Celebraban un aniversario más de matrimonio.  Todos sus familiares, amigos y grandes personalidades del gobierno estarían en el evento.  Llegó la hora de la celebración y los invitados disfrutan de los mejores licores importados y bocadillos, mientras bailan y escuchan la Orquesta de Ernst Van’t Hoff  tocando: “Alles wird gut” (Todo va a estar bien).  Los invitados admiran el buen gusto de la dama para decorar la casa y la felicitan, ella sonríe y les muestra sus últimas adquisiciones: unas lámparas rústicas fabricadas con cuero decorado con hermosos diseños, una agenda forrada con fino cuero que le regaló su esposo y una colección de hermosos dibujos realizados sobre cuero.  Es la reina de la fiesta, se siente mejor que nunca, cuando de repente, se asoma lo inesperado.

De pronto la música de la orquesta se detiene abruptamente, un aire frío envuelve el gran salón de la casa, la anfitriona sonríe de nuevo y le pregunta a los de la banda el por qué de su inesperando silencio, ellos la observan, ella dirige la mirada a sus invitados y pregunta: _¿Qué les pasa amigos míos?_  Sus invitados no contestan, solo la observan con asombro, como atónitos, ella se pone nerviosa y pregunta de nuevo:  _¿Qué les pasa amigos?_   Ninguno le contesta, pero entre ellos susurran algo que la pelirroja no logra escuchar, cuando de repente, de entre el grupo de gente desconcertada sale un pequeño niño de algunos 7 años de edad y señalando con su dedo indice a una puerta que estaba detrás de la hermosa señora le dice:  _Mire_   Ella vuelve a ver hacia atrás y descubre que de la puerta empiezan a salir decenas de cadáveres malolientes, unos incompletos otros sin piel, el hedor se esparce por toda la casa y caen amontonados en sus bellos pisos de Parquet.

Los invitados salen despavoridos, gritando horrorizados mientras ella les dice que no se vayan,  que puede explicarles de que se trata todo eso, desesperada llora por lo que puedean pensar sus amistades y grita desde la entrada principal de su casa: _ ¡Esperen, vuelvan, no se vayan, noooo!_  De repente, despierta en otro lugar, es de primavera, pero no huele bien, solo a moho, el sol no ilumina la habitación pues no hay más que una pequeña abertura por el cual un pequeño rayo se asoma, no hay pisos de Parquet, solo cemento mezclado y áspero, tampoco hay vino de Madeira para el baño, solo una ducha de agua fría y compartida con otras compañeras; ante todo esto, ella lanza un enorme suspiro, como sintiendo alivio y dice: _ ¡Que bueno, todo fué un sueño!_ 

Si se preguntan de quién carajos les estoy hablando, no es más ni menos que Ilse Koch, mejor conocida en el mundo como: “La Perra de Buchenwald” Era la esposa de Karl Koch, Comandante del Campo de Concentración de Buchenwald de 1937 hasta 1941, durante la Segunda Guerra Mundial.  La llamaban así, porque era cruel y desalmada con los prisioneros, les aplicaba los castigos más terribles para saciar su sadismo.  Por ejemplo, les arrancaba la piel a los hombres que tenían tatuajes que le llamaban la atención y los coleccionaba, hacía pantallas para lámparas con la piel de los reclusos, usaba una agenda forrada con la piel de un judío y a las mujeres embarazadas, las obligaba a correr mientras eran perseguidas por perros hambrientos,  solo por diversión.  Hacía pisapapeles con las cabezas reducidas de algunos privados de libertad y conservaba en formol distintas partes de la anatomía de los mismos.

La maldad de Ilse no conocía límites,  necesitaría más de un post para contarles los horrores que les hizo vivir a los prisioneros durante el Holocausto.  Cuando los Aliados ganaron la Guerra y liberaron a los prisioneros, Ilse fué capturada, llevada a juicio y condenada a cadena perpetua, escribió una carta a su hijo en la que manifestaba que no sentía ningún remordimiento ni pena por todos los crímenes que había comentido.  A los 4 años fue liberada y luego llevada a juicio nuevamente, ratificándole la anterior sentencia. A los 61 años de edad, la hermosa pelirroja, de la que nadie nunca hubiera sospechado que tuviera sentimeintos tan perversos, se suicidó colgándose con unas sábanas en su celda de la prisión de Aichach en Baviera. En su última carta escribió: “No hay otra salida para mí, la muerte es la única liberación”.

No solo hay perros en Buchenwald, la maldad no solo tiene testículos, también usa “Brasier”.  No hay género para las más bajas perversiones de los seres humanos.  Esta historia es un claro ejemplo.  Puede que éste parezca un post oscuro, que talvez alguien piense: “¡uy que feo eso, mejor no lo leo!”  Pero aunque no lo lean, sepan que la maldad existe, no es invento mío, ignorándolo no se acaba el problema.  Todos somos malos en potencia, pero hay algo que hace, que en nosotros se desarrolle las ganas de ser mejores, son los valores.  Valores que nos inculcan nuestros padres desde pequeños, nuestros maestros y profesores , son éstos, quienes nos diferencian de  seres funestos como la Perra de Buchenwald.  La guerra terminó hace 67 años y aunque parezca mentira todavía hay gente que tiene el cinismo de gritar a viva voz:  “¡Heil Hitler!”.  Todavía hay personas que no toleran a otras de un color distinto, de una forma de pensar distinta, de una nacionalidad distinta.

Si, es cierto que en un día de primavera, las musas te pueden soplar al oído grandes ideas; pero también es cierto que los pensamientos más oscuros no tienen época específica en el año, que el mal no descansa, no duerme, no espera, así que lo mejor que podemos hacer, es transmitir y practicar todo lo bueno que hemos aprendido hasta ahora y estar alertas, estar despiertos, estar atentos, porque detrás de una cara bonita puede esconderse el más cruel de los corazones.

Un comentario »

  1. Excelente tu post oscuro! Me encantó! Maldita vieja criminal. En los infiernos debe estar ardiendo! Siga escribiendo. No pare.

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