Obsesión por el fin (Segunda Parte)

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Entrada a Pripyat la Ciudad “Modelo” hasta 1986

La verdad es que no había pensado escribir una segunda parte sobre este tema, pero después de ver la reacción de algunas personas al leer el resumen de mi cuento apocalíptico, decidí compartir con ustedes otra historia  de ese mismo corte; Si les gustan los relatos sobre el fin del mundo, aquí hay otro en donde queda demostrado nuevamente como el hombre, en materia de autodestrucción es el equivalente a Picasso o quizás Van Gogh.

“Alexander y Luzmila caminan por una de las principales calles de su ciudad.  Tienen 3 meses de casados y como buenos recién casados disfrutan de su tiempo juntos al máximo.  Vienen del cine, Alexander  trabaja en el cuerpo de bomberos, Luzmila es maestra de primaria.  Por la calle las luces del alumbrado público permiten que la joven pareja divise una banca a lo lejos y deciden sentarse.  Es entonces cuando ella le da la noticia a su esposo:  Está embarazada.  Alexander no cabe de la felicidad, era uno de sus sueños, ser padre y ahora el amor de su vida convertía ese sueño en realidad.  El futuro padre en un ataque de alegría abraza fuertemente a su amada y la besa en los labios, después se vuelven a ver fijamente a los ojos y sonríen, cuando de repente,  se escuha un retumbo, un sismo de mediana intensidad sacude la ciudad y después una enorme bola de fuego de forma achatada ilumina todo el panorama, parecía como que el sol había salido de noche.

Un accidente nuclear provoca una explosión que lanza al firmamento cantidades monstruosas de partículas radiaoctivas, poniendo en peligro a todos los seres humanos en varios kilómetros a la redonda.  Alexander es llamado junto con sus compañeros de brigada, a sofocar el incendio que se produjo en el lugar del percance; se despide con un beso de Luzmila, esa es la última vez que ella lo vé en pie.  Todos los ciudadanos son evacuados y muchos poblados cercanos son literalmente enterrados por las autoridades, mientras una nube tóxica cargada de material radiocativo empieza a darle la vuelta al mundo y el peligro amenaza de nuevo pues si el material contaminante entra en contacto con el agua podría causar una explosión mayor haciendo de Europa un lugar inhabitable.  Muchos amigos de Luzmila y Alexander ven esta tragedia como el fin del mundo.”

La Ciudad fantasma, para vivir aquí, espere 24.000 años

Antes de continuar con el relato, voy a aclararles algo, esto no es ninguna visión fatalista inspirada en un futuro no tan lejano, por desgracia, esto ya ocurrió.   Todo comenzó un 26 de abril de 1986, a la 1 de la madrugada, 23 minutos y 58 segundos en Chernobyl, Ucrania, una explosión en el reactor número 4 de la Central Nuclear de Chernobyl se corona como la obra maestra del ser humano en lo que se refiere a demostrar su poder autodestructivo 31 personas murieron en el acto, miles han ido muriendo poco a poco producto de la exposición a las partículas radiactivas, 3 millones de personas fueron evacuadas, miles de amimales fueron sacrificados por temor a que contaminaran a otros animales o a más personas, miles de niños afectados por mutaciones debido a que sus madres recibieron gran cantidad de radiación y Pripyat,  la hermosa ciudad donde vivían Alex y Luzmila quedó convertida en una ciudad fantasma dentro de lo que hoy se conoce como la “Zona Muerta” ya que nadie más podrá vivir ahí, hasta dentro de 24.000 años, si leyeron bien, hasta dentro de 24.000 años.

Muchos dicen que fué un accidente, otros dicen que esto fué provocado, lo cierto es que hace 26 años estuvimos cerca de que nuestra obsesión por el fin se volviera una realidad, sin embargo, para otras personas ese sí fue el ‘Fin‘ de su mundo; como  el caso de Luzmila Ignatenko y su esposo, un bombero anónimo que perdió su vida cumpliendo con su deber, la historia de Luzmila fue plasmada en el libro ‘Voces de Chernobyl‘ escrito por la famosa periodista Bielorrusa Svetlana Alexievich del cual extraemos un pequeño resumen que pone fin al relato de Luzmila y su familia:

Un parque que nunca se inauguró

“En medio de la noche escuché un ruido no vi la explosión, solo las llamas. Todo parecía iluminado, el cielo entero y él seguía sin regresar. Se fueron para allá, sin los trajes de lona, en camisa, nadie les avisó. Los llamaron a “un incendio normal”.  Estaba hinchado, inflado… casi no tenía ojos. “Leche, mucha leche” dijo mi amiga enfermera, “¡que beba tres litros al menos!”. “Vete, vete de aquí” me susurró, “esperas un niño, vete de aquí”. Pero yo me quedé, ¿cómo iba a dejarlo allí? El doctor me dijo que no debía visitarlo más, me miró fijamente y me dijo con frialdad que aquello ya no era mi marido, sino un objeto altamente radiactivo. Tenía el cuerpo entero deshecho, todo él era una llaga sanguinolenta.  Le levantaba el brazo y el hueso se le movía. Pedazos de pulmón e hígado se le salían por la boca, yo metía mi mano en una gasa y le sacaba todo aquello, cada noche.  Lo colocaron descalzo en el ataúd. Un féretro de cinc que se colocó bajo unas planchas de hormigón. Todos tenían pánico a la radioactividad. Poco después, el mismo doctor me dió a mi hija recién nacida.  Parecía una niña normal, pero en su hígado dormían 28 roedhens y una lesión congénita de corazón.  Era el legado de la radiación. A las cuatro horas murió.  Y me la trajeron en una cajita de madera, no podía ni llorar.  La enterré yo sola, junto a su padre, se llama Natasha, pero ni siquiera hay un nombre en su tumba.  Sólo queda su alma, y allí enterré su alma.  El alma de una hija de Chernobyl.”

Pripyat, 26 años después

No sabemos que fue de Luzmila, como tampoco sabemos que pasó con tantas personas que al igual que ella fueron víctimas de esta tragedia.  Este post no es para lamentarse, sino para hacer conciencia de que el peor enemigo del ser humano, desgraciadamente es él mismo.  El armagedón que tanto nos desvela probablemente no sea producto de un cataclismo o de un cometa que vaya a impactar el planeta, el final de nuestros días puede que llegue por nuestra propia mano; solo basta con hechar una mirada a Pripyat y ver como será la Tierra después de nuestra extinción.  El fin del hombre, causado por el hombre.

Para los que crean que lo ocurrido en Chernobyl no nos afecta o no nos atañe, permítanle decirles que están equivocados pues los desechos que están en esa planta siguen emitiendo gran cantidad de radiación y lo seguirán haciendo por 240 siglos más.  Y no solo esta planta es un peligro, recordemos también Fukushima, Japón en donde se vertieron 11.500 toneladas de agua contaminada radiactivamente al mar, con el pretexto de liberar espacio para albergar aguas más contaminadas.   Las consecuencias de estas acciones poco a poco irán apareciendo, aunque las autoridades Japonesas dicen que todo está “controlado“.  Quiero que quede claro, que no critico a mis hermanos, solo su capacidad de destruir, que esto no es una monografía sobre los “pro” y los “contra” de la energía nuclear, solo que me preocupa el uso que el hombre le da; espero que todos reflexionemos al respecto, en especial aquellas personas que tienen en sus manos el destino de la humanidad.

Para terminar con la obsesión por el fin, les dejaré con una pequeña inquietud que hasta a los más escépticos ha dejado pensando y tiene que ver con lo que pasó en 1986, leamos brevemente esta cita del Apocalipsis:

En uno de estos salones trabajó Luzmila

“Cuando el tercer Ángel tocó la trompeta, una estrella enorme que ardía como una antorcha cayó del cielo sobre la tercera parte de los ríos y de los manantiales. La estrella se llamaba “Ajenjo”. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y murieron muchos hombres que bebieron de esas aguas, porque se habían vuelto amargas”.  Apocalipsis, 8, 10-11

Según los antiguos residentes de Pripyat cuando se produjo la explosión del reactor número 4 de la Central atómica, se vió una luz enorme, algo como una “estrella“, una bola achatada que iluminó todo el cielo, pero eso no es todo, lo más curioso y a la vez lo más desconcertante es que “Chernobyl” en Ucraniano, significa: “Ajenjo“, una planta que crece  por todas partes en Ucrania y que tiene la partucularidad de amargar el agua. ¿ Será una simple coincidencia o talvez una… señal del fin?

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