La Caja de música

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En una habitación pintada de color crema, entra el viento colándose por la ventana y en un rincón de ésta, se encuentra un hombre, sentado en el suelo,  escucha la  triste melodía de una caja de música.  Los ojos se le llenan de lágrimas mientras observa el contenido de aquella caja.  Pertenece a su esposa, en ella ha guardado objetos que más que un precio tienen un valor sentimental, recuerdos que atesora y que forman parte de su vida.  La música cala hondo en los oídos de éste hombre que hoy más que nunca, voltea hacia atrás la mirada y hace un recuento de lo que ha hecho en todo este tiempo.

Cuando se casó con ella, hace 4 años, pensaba que era la mujer perfecta para él.  No existía nadie más, ella era su razón de ser.  -Amores así, cuesta encontrar hoy en día-  decían sus amigos, pero por duro que parezca, toda historia de amor tiene un final, trágico como Romeo y Julieta, feliz como el de la película “Mujer Bonita” o triste como el de Jack y Rose en “Titanic”, lo cierto es que todo en la vida pasa, más aún si no le dedicamos tiempo y entrega.  Ese es el caso de esta historia, de nuestro amigo que escucha las tristes notas de una caja de música.

Cuando tenemos lo que deseamos muchas veces nos comportamos como niños malcriados, ya no lo queremos porque está en nuestras manos y queremos otras cosas que se convierten en obsesión hasta que lo conseguimos, entonces se repite la historia, como un círculo vicioso que parece nunca acabar.  Nuestro amigo se aburrió de su vida de casado y ya no era él mismo de hace unos años.  Buscaba excusas para llegar tarde a casa, le molestaba que su mujer le preguntara porque llegaba tarde -¡Estoy trabajando! ¿o pensás que todo lo que tenemos lo pagamos con tu sueldito de hambre?– le decía para que no lo siguiera interrogando, para no decirle que mientras ella le preparaba la cena después de llegar cansada de su trabajo, él estaba tomándose unos tragos con alguna conquista de turno.  Ella no decía nada, sólo se iba a un rincón de su habitación, abría su caja de música sacaba un diario y escribía, simplemente escribía.

Mientras pasaban los días, nuestro protagonista se la pasaba de fiesta en fiesta, de cama en cama, de una aventura a otra y se sentía el mejor de los hombres, “El más macho” porque su esposa, según él, no sospechaba de sus andanzas, pensaba que ella estaba contenta pues no le hacía falta nada  -Se lo he dado todo-  se decía a sí mismo y se iba hundiendo más y más en ese hoyo que los hombres llamamos a veces “Buena vida”  El alcohol lo dominaba, ya no se daba cuenta de como llegaba a su casa y otras veces ni siquiera llegaba.  Ella lo aconsejaba, le decía que buscara ayuda porque su manera de beber, iba a acabar con su vida.  La última vez que su mujer le dijo eso, él se enfureció, la empujó y le dijo que no se metiera en sus asuntos, se subió a su automóvil y se marchó a emborracharse más; ella salió corriendo detrás de él pero no lo pudo alcanzar, algo la detuvo, no lo pudo alcanzar.

Pasaron las horas y él se encontraba en un bar de mala muerte, con una de sus amigas de ocasión, cuando sonó su teléfono, vió el número, era de un compañero de trabajo, no contestó.  Llegada la noche, se sintió mal por haber tratado así a su mujer y decidió ir a comprarle unas flores y llevárselas a casa – Eso la va a alegrar- susurró.  Al llegar a su hogar, no había nadie, no estaba sobre la mesa su cena caliente esperándolo como siempre, se enojó, tiró las flores al suelo y la llamó a su celular, le contestó su suegra y le dijo esto: -Véngase ya al hospital- Todo efecto de alcohol desapareció en ese momento de su cuerpo y un frío le invadió hasta los huesos, pero era más intenso el frió que ahora abrazaba a su esposa, ella, estaba muerta.  Al salir corriendo a alcanzar a su marido un auto la embistió frente a su casa y él ni cuenta se dió.

El funeral ya terminó.  Sentado en el rincón de una habitación pintada de color crema, ahora él llora al escuchar las tristes notas de la caja de música y al leer el diario de su compañera.  Cada página describía todo lo que él suponía que ella desconocía.  Cada frase se le clavaba en el pecho como el más filoso de los cuchillos –Hoy está con otra mujer, lo llamé y estaba tan borracho que ni cuenta se dió que era yo quien le llamaba- decía en una de las páginas. -Sé que este matrimonio va cuesta abajo, pero de mi parte, haré lo posible para tratar de salvarlo.  Aunque no venga, siempre tendrá su cena caliente- escribió en otra página.   El “super hombre” se desmoronaba con cada frase que leía, recordó por qué se había enamorado de ella, comprendió lo mal que se había portado, y se sintió el más vil de los seres humanos.

Hombre no es aquel que se acuesta con mil y una mujeres, hombre es aquel que conquista a una mujer mil y una veces, aquel que hace lo posible por hacer feliz a su pareja.  Los arrepentimientos a veces llegan unas horas o unos días después de que eran necesarios.  A veces dañamos a quien más queremos, a quien más amamos, tenemos la capacidad de convertir los sueños en pesadillas, de ponerle amargo a lo dulce, de romper corazones y de convertir cartas de amor en notas luctuosas.  Lo que se nos olvida casi siempre es que lo bueno y lo malo que hacemos se nos revierte y aunque nos estemos muriendo, nadie se va de esta tierra debiendo.

El quisiera abrazar a su esposa, poder pedirle perdón, tener la oprtunidad de empezar de nuevo, de recomenzar su vida juntos, felices, como antes.  Ya no es posible, ni los ríos ni el tiempo se devuelven, él lo sabe y le duele aún más al encontar dentro de la caja de música una imagen de un ultrasonido con un papelito engrapado que decía: “Nuestro hijo”.  La culpa ahora es doble, las notas musicales que escucha, pesan el doble, quiere gritar pero no puede, solo llora y sus lágrimas parecen no tener fin.  Nadie lo culpa, nadie excepto su conciencia que lo flagela, lo patea y no lo deja en paz, desea estar muerto en lugar de su mujer y su hijo, pero el “Super Hombre” ahora no tiene valor ni para ver a sus familiares y amigos, del otrora “macho más macho” ahora solo queda una pequeña caricatura.

Si se puede sacar algo positivo de esta historia, les diré que unos años después, nuestro amigo pudo recuperarse, ingresó a Alcohólicos Anónimos y es consejero en una Clínica para personas con problemas de adicción.  Estuvo en tratamiento psicológico y pudo rehacer su vida.  No se ha vuelto a casar… aún.  Pero aunque trata de superar todo aquella terrible experiencia, cuando se encuentra solo, sube a la habitación pintada de color crema, se sienta en un rincón y escucha la triste melodía de aquella caja de música, aquella tonada le recuerda a su esposa, las lágrimas corren por su rostro y es entonces cuando el viento se cuela por la ventana y pareciera que con las cortinas tratara de limpiar su cara, como si fuera su esposa  quien tratara de decirle: -Si amor, te perdono-

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