¿Homicidio involuntario?

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mamaroneck-homicideLas noches que se visten de tragedia, parecen eternas.  Han pasado 43 minutos despues de la medianoche.  Tres patrullas de la policía de Nueva York se encuentran frente a la casa número 1974 de la calle Riverside; unos efectivos extienden la habitual cinta amarilla, para que nadie pase e interfiera con su trabajo, las luces de las patrullas iluminan la escena mientras que el murmullo de algunos curiosos se mezcla con el sonido de los radios de los oficiales.  Hace bastante frío.  La puerta de la entrada principal está entreabierta.  Adentro, la casa se encuentra a media luz, como adormecida por los acontecimientos de hace un momento.  Sobre la alfombra de la sala se encuentran tres maletas de color negro, dos figuras de cristal hechas trizas y un teléfono inalámbrico sin batería.  Un poco más allá de la sala, entre la puerta que separa el comedor y la cocina se encuentra un cuerpo sin vida al que los oficiales cubren con la típica sábana blanca.

Subiendo por las escaleras, en la segunda habitación al lado derecho se escuchan los llantos de un niño y una televisión encendida.  En esa habitación, sentada en un sillón marrón, está una mujer que consuela a su hijo en brazos, tiene los ojos rojos, la mirada perdida y las mejillas bañadas en lágrimas.  A los pies de la madre asustada se encuentra un revolver Smith & Wesson 38 especial, que ahora está callado, pero unos minutos antes, su estruendo se escuchó por toda la casa.  Ella mira el arma, luego mira a su hijo y mientras calma su llanto recuerda todo lo sucedido: Una discusión, una pelea, unos gritos, ruidos extraños y al final… todo terminó con dos disparos.

Se llama Sara, tiene 30 años de edad y 7 de casada.  Su esposo se llama Rubén, tiene 32 años y es periodista.  Como toda mujer062409_1-violencia___484x363 enamorada, Sara se casó con muchas ilusiones y sueños, pero desafortunadamente para ella, Rubén no era la persona que creía.  Era un agresor, posesivo e inseguro y Sara fue cayéndo en un círculo de codependencia que anuló por completo su persona y se convirtió en el títere de su marido.  Gritos, regaños, malos tratos eran los que siempre recibía, ella todo lo justificaba con excusas habituales de este tipo de mujeres: _El me quiere, pero tiene mucha presión en su trabajo, tengo que entenderlo_ decía mientras delineaba una pequeña sonrisa forzada.  Los gritos se fueron transformando en golpes, ni aún estando embarazada pudo escaparse de los ataques de su pareja, nunca le contó a nadie pero cuando dió a luz, lo hizo antes de la fecha prevista, porque en un arranque de ira, Rubén hizo que se escondiera debajo de la cama y la agarró a patadas, provocando que el parto se adelantara; aún así Sara pensaba _ Con la llegada de nuestro niño, él va a cambiar_  innocente esposa, pronto se dió cuenta de que la situación igual continuaba.

Pero llega un momento en la vida de las personas, en que la luz por fin llega a tu mente y la venda se cae de los ojos, es entonces cuando ella se preguntó _ ¿Qué es lo que pasa conmigo?_  Despertando de esa pesadilla que llamaba matrimonio, toma la decisión de dejar a su cónyuge, prepara tres maletas con todas sus pertenencias y las de su hijo de dos años, las deja sobre la alfombra de la sala, sube al cuarto de su niño, toma su teléfono, va a llamar un taxi y de repente observa a su marido en la puerta de la habitación, él pregunta por las maletas que están abajo, ella le dice que se marcha, que no esta dispuesta a seguir soportando la farsa en la que vive, los golpes y todo los maltratos que él le da _¡Tu no vas a ninguna parte, estúpida zorra!_ le dice Rubén enojado _¿Crees que vas a poder vivir como yo te tengo?_ ¿Quién se va a ser cargo de ti? ¡mírate, estás hecha un asco, no vales nada, no sirves como mujer, ni como madre, ni como nada, no eres nada sin mi!_

_No me importa lo que digas, ya tus palabras no me hacen daño_ le dijo Sara con firmeza, mientras sostenía su hijo en brazos, ya venía su esposo sobre ella para atacarla, cuando abajo se escucharon unos cristales rompiéndose.  Los dos se vuelven a ver, Rubén baja a ver que pasa, su mujer pone al niño en su cuna y va tras él.  Unas figuras de cristal yacen rotas en el suelo, Rubén camina sigiloso revisando la sala, llega al comedor que se encuentra a oscuras y cuando va hacia la cocina de la penumbra se asoma una mano con un revolver Smith & Wesson 38 especial, mientras una voz le dice: _¡Si te mueves, te quemo hijo de puta!_  Era un ladrón.   Pero Rubén es ágil y fuerte, rápidamente se da vuelta y arrebata el arma al delincuente y la arroja hasta la sala.  Los dos hombres comienzan a forcejear y darse golpes hasta que el ladrón consigue ponerle una cuerda en el cuello a su oponete y comienza a estrangularlo.

warrior_woman___shot_by_ammanda-d3111qn-500x724Sara está viendo la pelea, justo delante de ella se encuentra silenciosa el arma, viendo a los tipos enfrentados y hasta el tope de nervios, levanta la pistola, sus manos temblorosas la sujetan y apunta en dirección a los hombres, va a disparar, solo tiene que apuntar bien, pero entonces comienzan a llegar a su mente todos los recuerdos del martirio que le había brindado su marido.  Como escenas de películas tipo “Gore” van pasando en frente suyo todos los gritos, todas las infidelidades, todos los insultos, y por supuesto los golpes.  La mente humana es un laberinto en el cual muchas veces nos perdemos, no sabemos que hay en los rincones y el destino nos va empujando a tomar desisiones tan extrañas como la misma mente.  Sara llora atormentada por sus recuerdos, hoy no la han golpeado, pero su alma aún le sigue doliendo, de nuevo vuelve a la sala de su casa y delante está su marido está perdiendo aire por la cuerda que rodea su cuello, a unos segundos de caer desvanecido, se escuchan dos disparos en la casa número 1974 de la calle Riverside.

La policía interroga a la mujer sobre lo acontecido, ella está en el cuarto de su hijo que llora sobre su pecho.  Entre el comedor y la cocina está un cuerpo sin vida, los agentes de homicidios revisan la escena del crimen. _Es todo lo que tengo que decir_ afirma Sara, el oficial le dice que tiene que ir a la estación donde trabaja a rendir una declaración formal, ella asiente con la cabeza, mientras piensa en lo ocurrido, no está segura de haber hecho lo correcto.  El detective a cargo del caso dice a su compañero: _Homicidio involuntario, todas las pruebas apuntan a eso_  Homicidio involuntario, eso le dicen a Rubén, mientras le vendan un brazo.  Una de las balas lo impactó en esa zona, la otra en la sien de su atacante. _Tuvo suerte amigo, este tipo era peligroso, hace un tiempo le seguíamos la pista porque ha matado a algunas de las personas en la casas que ha entrado a robar. Le debe la vida a su esposa_ dijo el agente mientras ordena que levanten el cadáver.

Sara baja por las escaleras con su hijo, el policía le dice que si necesita algo, ella le dice: _No, gracias, solo voy a pedir un taxi, gracias_  Rubén la escucha y le pregunta que por qué se va, a lo que ella responde: _Te dije que me iba y lo estoy haciendo.  Esto no cambia en nada mi decisión_  Rubén le implora que no lo deje, le promete cambiar y ser un buen esposo; Sara se niega, le dice que quiere el dovorcio, que no está dispuesta a seguir viviendo con un monstruo ni un minuto más, le dice adiós, Rubén se violenta, le dice que las cosas no se van a quedar así, Sara lo mira, se le acerca, le da un beso en la mejilla y le susurra al oído: _Dale gracias a Dios de que tengo mala puntería, puede que la próxima vez, no falle mi amor_

Dicen que el fuerte es fuerte, hasta que el débil quiere,  Nunca sabremos si Sara lo dijo en serio o solo por asustar a su imageesposo, pero el caso es que Rubén nunca la volvió a molestar.  Esa noche fría ella rompió las cadenas de una enfermiza dependencia que toleró por muchos años.  En el mundo hay muchas personas que pasan por esta situación, más las mujeres que los hombres, relaciones tóxicas de las que hay que librarse, porque nos pueden llevar a una situación peor que la vivida por protagonista de esta historia, no hay que esperar a llegar a tal extremo.  Si alguien pasa por algo similar, recuerden que aguantar insultos, no es amor; soportar engaños, no es amor; justificar los golpes diciendo que te los mereces, eso no es amor; anularte como persona para convertirte en la sombra de otra, tampoco es amor; morir cada día, no respetarse y perder tu autoestima, no es amor.  Las relaciones tóxicas no solo se dan entre parejas, también entre jefe y empleado, padres e hijos, entre amigos.  Tenemos que respetarnos porque sino nos respetamos nosotros mismos, ¿Creen que los demás si lo harán?  Debemos llenar nuestra mente de coherencia, anteponerla al corazón, buscar ayuda profesional, si es el caso, pero lo principal es reconocer y aceptar que tenemos ese problema.  Dios no quiera que tengamos que llegar a ser parte de otro homicidio involuntario.

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