De la fe y otros negocios

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Familia CampoDon Pablo Gómez y doña Mireya tienen 23 años de vivir juntos y han criado 4 hermosos hijos, dos varones, dos muchachas. Marta la mayor ya está casada y le ha dado los primeros nietos a los felices abuelos; le sigue Pedro que tiene 21 años y aunque le ha salido bueno para el chirrite y las peleas de gallos es el brazo derecho de su padre, pues le ayuda a sembrar el maíz y arroz que cultivan en su finca y a cuidar el ganado que con mucho esfuerzo han ido aumentando. Rosita es la hija que le ayuda a su madre en las labores domésticas, tiene 16 años y no fue al colegio porque su papá piensa que allí las muchachas se corrompen y lo que hacen es ir a buscar novios, como Nidia, la hija de su vecino que la mandaron a estudiar y les salió con su “Pata de banco” pues el título que trajo de la secundaria, lo sacó en 9 meses y ya en unas cuantas semanas lo bautizan. _¡No, que va!_ dice don Pablo _mi muchacha no va andar en la boca de la gente, aquí se queda en la casa y le ayuda a su mamá a vender rosquillas y tamales en la feria_ El “cumiche de esta familia es Jacinto. Tiene 13 años y ya sacó el sexto grado de la escuela pero no quiere estudiar más, por lo que le ayuda a su padre y a su hermano en la finca _así se hace hombre más rápido pues_ asegura don Pablo.

Hace más de un año que el señor Gómez y su familia no van a misa, ni participan en las actividades de la Iglesia católica de su pueblo. Dicen por ahí que tuvo un pleito con el padre cuando iban a inscribir a Rosita para las catequesis de la Confirma, el padre del pueblo es muy estricto y siempre le había insistido a don Pablo para que se casara con Mireya, pues aunque eran una familia muy unida y colaboradora con la comunidad, tenían que bendecir su unión ante los ojos de Dios. Esto molestaba mucho a nuestro amigo finquero, pues el decía que ni sus abuelos ni sus padres se habían casado y llevaron una vida mucho mejor que la que lleva mucha gente que había casado el cura. _¡Que Padre más majadero es usted hombre!_ dijo Pablo al sacerdote _¿Sabe qué? creo que mejor ahí la dejamos y me llevo a la Rosita porque ya no va hacer ninguna confirma_ Desde ese día no volvieron los Gómez al templo y ese año, para las fiestas del patrono de la comunidad no regalaron el torete ni las deliciosas comidas que preparaba doña Mireya.

Días después del incidente con el padrecito, se fue Pablo con su mujer y Rosita a comprar unos chanchos al pueblo vecino. Después de cerrar el negocio pasó a tomarse un guacal de chicha, hecha con planta viva y dulce de tapa, a la casa de un amigo suyo, cuando se le apareció al frente un hombre moreno, como de unos 40 años, grueso y de estatura mediana, le preguntó si podía hablar con él unos minutos, Pablo dijo que sí, que ya casi lo atendía, así que el tipo le dijo que lo esperaba afuera. Era el pastor de una iglesia en ese barrio. Demetrio Lara, era su nombre.

_El Señor me reveló en sueños que hablara con usted hermano_ Le dijo con voz profunda a Pablo.
_Me dijo que le dijera que deje de adorar ídolos y que empiece a adorar un Dios vivo_

Pablo quedó impresionado ante tal aseveración y le prestó atención al pastor. Este hablaba con tal elocuencia 12_0001 y con una seguridad que lo dejó impactado. _Como que habla más bonito que el condenado Padre Víctor, aunque no le entiendo mucho_ Pensó. No tardaron en hacerse amigos, le parecía un tipo muy bueno, honesto y lo que más le gustó es que le dijo que Dios lo amaba tal y como era, además de que en ningún momento le habló de casarse, eso lo alegró aún más. El caso es de que lo invitó a él y a toda su familia a una actividad que realizarían en un galerón que utilizaban como iglesia, pues estaban en proyectos para construir una. Don Pablo aceptó aunque y se fue a su casa contento y no sabía si la razón de su contentera era por haber hecho un nuevo amigo que tenía línea directo con Dios o por los tres guacales de planta viva que se había tomado.

_ ¡Mirá viejo cabezón, yo soy católica en esa religión me crió mi mamá y en esa voy a morir!_ Replicó Mireya a su pareja.
_¡Vos tenés que ir conmigo, mujer sin gobierno!_ Dijo con imperio su compañero _¿O qué, te mandás sola?_

Al final ella accedió y desde esa vez asistían todos los domingos al culto del pueblo vecino y don Pablo estaba encantado, pues no había que dar limosna y le gustaban los cantos de alabanza que entonaban con mucha devoción, todos eran muy amables con ellos; lo que si lo asustó la primera vez fue la manera en que oraban, muy distinta a la de la iglesia católica, le recordaba el gallinero de su casa cuando se metía algún zorro o culebra a comerse una de sus aves, pero al final se acostumbró; algo que también le gustaba era que el Pastor como que tenía más comunicación con Dios, pues a cada nada le revelaba cosas para decir a sus fieles _Para mí que el padre Víctor alguna torta se jaló que nuestro señor no le revela nada_ Se decía a sí mismo. Pero las revelaciones del líder religioso que en un principio admiraba, después de unos meses empezaron a inquietarlo.

Los mensajes que Dios le enviaba con su nuevo amigo, dejaron su tono espiritual y tomaron un matiz más mundano, pues Dios le mando a pedir una vaca, luego le mando a pedir 10 sacos de cemento para la construcción del templo. Pero aún así don Pablo pensaba que si Dios lo tomaba en cuenta para esas cosas era porque de verdad lo quería como hijo suyo y no le importaba que no estuviera casado con Mireya; sentía que le había ganado el pleito al cura, se sentía satisfecho. Dos meses después el señor le reveló al pastor, en otro sueño por supuesto que ya era hora de que diezmara, le explicó que era el diezmo y aunque en un principio no le pareció muy bueno el mensaje, terminó por aceptar. Así pasó el tiempo y el templo se terminó. El pastor compró un Toyota Land Cruiser y ya tenía hasta una parcela que adquirió para su rebaño. Todos los meses Mireya horneaba una tanda de rosquillas y tamales como diezmo para su hermandad religiosa y su amado cuando no diezmaba dinero en efectivo, entregaba la mejor de sus reses.

Una mañana como a eso de las 8, llegó Demetrio en su carro nuevo. Caminó hasta el corral donde estaba Pablo terminando de soltar las vacas que habían ordeñado y le dijo: _Hermano tengo que hablar con usted_ Pablo estaba de malas esa mañana pues no había podido dormir bien, los diezmos que daba lo estaban desbalanceando económicamente y estaba discutiendo mucho con su mujer y sus hijos por tan jugosas ofrendas.

_Dígame hermano Demetrio, ¿Qué se le ofrece?_
_¡Ay hermano no sé como decirle esto!_ respondió el pastor
_Pues con la boca hermano, ¿Con qué otra cosa me va a hablar?_ Bromeó Pablo
_Es que año el Señor me reveló un mensaje para usted_
_¿Otro recado de Diosito? ¿Y ahora qué quiere Tata Chus? ¿Un toro? ¿Un chancho?_ Preguntó Pablo
_No hermano, vea el Señor me ha revelado que ha guardado a su hija Rosita pura y casta para mi_ Dijo con voz firme _Quiere que usted me entregue a Rosita y me mandó hasta acá para comunicarle su petición, obedezcamos hermano y no contrariemos a nuestro Creador_

Pablo Gómez lo miró fijamente a los ojos, se quitó el sombrero, sacó un pañuelo de su pantalón, se limpió el sudor de su rostro y le dijo a Demetrio: _Espéreme un momentico acá ya venimos oye_ dio media vuelta y se fue hasta la casa. Demetrio subió al carro, sacó una biblia pequeña que andaba con él y empezó a buscar un pasaje de los evangelios, empezó a leerlo cuando de repente una piedra se estrelló contra el parabrisas del carro haciéndolo añicos al instante; afuera se acercaba don Pablo con un machete número 28 bien afilado y le gritó a su amigo y consejero espiritual:

_¡Míremela que le voy a entregar a mi hija! ¡Lo que le voy a dar es un filazo con esto, en la pura vena cacreca para que deje de ser tan sinvergüenza!_
_¿Pero que le pasa? ¿Por qué me ataca si yo no le estoy haciendo nada?_ Dijo Demetrio temblando de miedo y arrancando el carro.
_¡A mi no me está haciendo nada y se va a quedar con ganas de hacerle algo a la Rosa. Dígale a Diosito que no me mande más recados con su alma cabrón! Que cuando quiera decirme algo que me lo diga a mi. Y jálese de aquí si no quiere que le apee la jupa!
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Demetrio pisó el acelerador y se fue como un cachiflín de la casa de su oveja. Nunca más volvió a verlos. Por su parte los Gómez regresaron a misa los domingos, dicen los vecinos que ahora se les ve más contentos y aunque a don Pablo Dios no le manda recados con el padre Víctor, ahora está más sosiego, mandó a Rosita al colegio y si las malas lenguas no mienten, parece que unas semanas por fin se casa con Mireya.

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